Un cohete disparado desde la franja de Gaza mató ayer a un inmigrante tailandés que trabajaba en la colonia agrícola de Netiv Hasara, en el norte del desierto del Negev, Israel.
El lanzamiento lo reivindicaron las Brigadas Ansar alSuna, un grupo salafista cercano a Al Qaeda al que combate el movimiento islámico Hamás, que controla la Franja.
Israel anunció que responderá con dureza al ataque, el primero mortal desde su ofensiva militar de hace un año en Gaza, en que murieron unos 1.400 palestinos. Desde entonces el lanzamiento de cohetes ha disminuido -ayer hubo otro sin víctimas- pero no cesado.
El suceso coincidió con la visita a Gaza de la responsable de la política exterior de la Unión Europea, Catherine Ashton, en su primer viaje a la región desde que asumió el cargo el pasado diciembre. Ashton condenó duramente el ataque así como "todo tipo de violencia", y se mostró "conmocionada por la trágica pérdida de una vida". Asimismo, instó a todas las partes a que continúen trabajando para llegar a un acuerdo y pidió que "estos incidentes no impidan encontrar una paz duradera para esta región".
Sin encuentro con Hamás
La jefa de la diplomacia europea mantuvo en el territorio palestino encuentros con responsables de ONG, y visitó una escuela y un centro de distribución de alimentos. No obstante no se entrevistó con ningún dirigente del Gobierno de Hamás, que la UE no reconoce.
Por otra parte, Ashton pidió el levantamiento del bloqueo al que Israel somete a la población desde hace más de tres años y adelantó que "el sufrimiento de Gaza" será analizado en la reunión de hoyen Moscú del Cuarteto para Oriente Próximo, integrado por la ONU, la UE, EE UU y Rusia. La visita de Ashton a la región se enmarca en los recientes intentos de Washington para impulsar el proceso de paz, actualmente eclipsados por las tensiones diplomáticas entre EE UU y el Ejecutivo israelí.
“ES MUY CÓMODO PARA LOS ISRAELÍES NO SABER QUÉ PASA”
Saben de lo que hablan porque lo han vivido de cerca. Más cerca que la mayoría de sus compatriotas. Adi Hagin, ex militar israelí, y Ashraf Jader, antiguo combatiente palestino, dejaron hace años las armas para luchar de una manera "no violenta" desde la ONG Combatientes por la Paz por la reinstauración de las fronteras de 1967, la creación de un Estado palestino que coexista con Israel.
"Confiamos en que el cambio llegará pronto", afirma Jader. Combatienes por la Paz contribuye a ello con charlas en escuelas, visitas a los territorios ocupados y acompañando a los campesinos palestinos para que no les agreda el Ejército israelí. "Es muy importante para todos los israelíes saber lo que pasa [en Palestina]", cuenta Hagin. Cosa que no ocurre, se lamenta. "Y es muy cómodo para ellos no saberlo", agrega. Incluso ella, que sí estaba conciencia-da, lo ignoraba. El servicio militar, obligatorio en Israel, le abrió los ojos. Cuando lo dejó, pasó ala acción. "Estaba cansada de sólo hablar, y entré en la organización", recuerda, aunque admite que con muchos recelos. No sabía nada del "enemigo".
Por el diálogo
A Jader le ocurrió algo similar. "Nos calificaban de colaboracionistas", relata. Ahora el pequeño grupo original ha crecido, circunstancia que a ambos les llena de "orgullo". Los dos opinan que los asentamientos judíos son quizá el mayor obstáculo que afrontan las negociaciones, y opinan que, de momento, no pararán.
Sobre las soluciones, Jader cree que "la comunidad internacional tiene que dar pasos reales, sin ella es imposible". Hagin, quizá más pragmática, se centra en su labor."Les dejamos los problemas a los políticos", afirma. "Sólo demostramos que el diálogo entre supuestos enemigos es posible", cierra.




