Van Rompuy, en la conferencia de prensa posterior a su designación.
Reuters
Los líderes de la UE respondieron ayer en Bruselas a la pregunta que Henry Kissinger se hacía cuando era secretario de Estado estadounidense: ¿A quién hay que llamar para hablar con Europa?
Y será precisamente a esta ciudad donde habrá que telefonear. El primer ministro belga, el conservador Herman Van Rompuy, fue elegido el primer presidente estable de la Unión Europea, cargo que preveía el Tratado de Lisboa.
Por otra parte, la hasta ahora comisaria europea de Comercio, la británica Catherine Ashton, fue elegida como vicepresidenta de la Comisión y Alta Representante de Política Exterior, el segundo puesto comunitario más importante.
Rapidez inesperada
Pese a que el encuentro amenazaba con alargarse hasta la madrugada por la falta de consenso inicial, sobre las 19.30 hubo fumata blanca en la capital belga. Descartada la candidatura del ex premier británico Tony Blair -uno de los principales escollos de la negociación ante la insistencia de Londres-, la elección de Van Rompuy se produjo con inesperada rapidez.
La propuesta de Ashton por parte del grupo socialista -cubriendo la cuota británica y socialdemócrata- allanó el camino para que los países que preferían a un presidente de perfil bajo se salieran con la suya. La evidente falta de acuerdo al iniciarse la reunión hacía temer que la elección de la figura que debe reforzar el papel de una Europa unida a nivel global hiciera aflorar las eternas disputas entre naciones.
Además de rasgos como el origen, el sexo o el color político de la persona que ostentara el mayor cargo comunitario, el debate sobre su poder real era el otro gran punto de disputa.
Según algunos analistas, el papel del presidente dependía en gran medida del elegido. Por tanto, la designación del primer ministro belga, tan carente de carisma como de experiencia europea, aleja el objetivo de dotar a la UE de una figura potente y reconocible.
EL CANDIDATO ‘ABURRIDO’ QUE PREFERÍAN SARKOZY Y MERKEL
Discreto, políglota y aburrido. Estos son los tres adjetivos más usados estos días por la prensa continental para describir al primer ministro belga, Herman Van Rompuy, cuando era uno de los favoritos para ocupar la presidencia de la UE.
El político conservador, de 62 años, era el preferido del líder francés, Nicolas Sarkozy, y de la alemana, Angela Merkel, para quienes las palabras discreto y aburrido son el antídoto perfecto ante los recelos que despertaba el excesivo protagonismo que podía haber acaparado Tony Blair.
Autor de varios libros sobre asuntos políticos y sociales, escritor de haikús y activo blogger, Van Rompuy deberá hacer gala de su fama de pragmático y conciliador al frente de la nueva UE.


