En 2003, Andy Roddick vencía a Ferrero en la final del US Open. Después, escalaba al número uno y se ponía al nivel de los últimos mitos estadounidenses: Sampras y Agassi.
Pero Roddick, tan querido por el público de su país y en el circuito, dejó huérfano ayer el último Grand Slam del año: el serbio Janko Tipsarevic le ganó en segunda ronda (3-6, 7-5,6-3 y 7- 6). El jugador local perdió, además, su temple en el tercer set y se encaró con una juez de línea y el umpiretras una falta de pie.
Roddick, el último héroe del tenis americano en activo, llegó débil a la gran cita debido a una mononucleosis. Nunca había caído tan pronto en Nueva York.
Una mancha para un currículo magnífico: sólo él y Federer encadenan ocho años entre los diez primeros de la ATP. El suizo, precisamente, le ha impedido ensalzar su carrera al derrotarle en las finales de Wimbledon (2004, 2005 y 2009) y del propio US Open (2006).
Mientras, Azarenka, la tenista que se desplomó el miércoles, sufre una ligera conmoción cerebral.




