El Mallorca sigue intratable en el Ono Estadi. Ayer, los de Manzano pasaron por encima del Atlético (4-1) y se vuelven a meter en puestos que dan acceso a la Champions League. El partido siempre fue de color bermellón. Los hombres de Manzano fueron fieles al planteamiento que les ha catapultado a la zona noble de la tabla: presión en el centro, contragolpe y seguridad defensiva.
Pero delante no tenían rival. El viejo Atlético. Ése que se borra de los partidos como si no costara. Ése en el que Perea siempre se equivoca, Raúl García acaba expulsado y Forlán, apático, sólo es capaz de maquillar su penosa actuación con un gol.
Con el primer tanto de Víctor parecía que el guión iba a ser matemático, pero el Atlético se encontró con un empate que no reflejaba la actitud de ambos equipos en el terreno de juego.
La ilusión óptica en el marcador duró poco. Cuatro minutos exactamente. Instante en el que Aduriz ponía de nuevo en ventaja a los baleares.
Lección de Manzano
El duelo táctico lo ganó Manzano. El jiennense leyó el encuentro a la perfección el encuentro y vio que la fragilidad del Atlético estaba en la izquierda y colocó a Mattioni, un lateral ofensivo, y un jugador creativo como Julio Álvarez para hacer la vida imposible a Antonio López, que nunca tuvo ayuda de Jurado y menos del centro del campo.
La segunda parte fue de paseo mallorquín. Fueron los minutos en los que Perea recordó a Pablo, con ese gol en propia puerta. Quique dio minutos a Juanito, Ibrahima, Valera... Pero cuando se echa de menos a los ausentes (Tiago, Agüero, Simao y Ujfalusi) es que no merecen la titularidad




