El niño guapo, el piloto simpático y la eterna promesa del automovilismo inglés de la última década por fin se ha coronado. Jenson Button, de 29 años, es el nuevo campeón del mundo de fórmula 1. Recoge el testigo de su compatriota Lewis Hamilton en 2008 y es el décimo piloto inglés que logra el título. Sueño cumplido.
Button se consagró en Brasil, en Interlagos, donde se ha decidido el Mundial en las cinco últimas temporadas y donde, a falta de una carrera, la fortuna quiso que se sellase la de 2009. Con un inicio de año histórico (con seis victorias en las primeras siete carreras, superó a Mansell y a Schumacher, que ganaron cinco de seis), a Button le bastó ayer un quinto puesto finiquitar el Mundial del cambio.
Tras una serie de resultados muy grises (sólo ha logrado un podio de las últimas nueve carreras), por fin fue valiente. Y la suerte le sonrió.
Valentía inicial
Criticado en los últimos meses, en Brasil se encontró con su primera gran oportunidad para cerrar el Mundial. Barrichello, su compañero de equipo y adversario para el título, había defendido la pole y marchaba en cabeza tras la primera curva. Button, que partía 14º, se puso noveno, beneficiándose de un toque de Webber a Raikkonen y de un choque entre Trulliy Sutil que se llevó por delante a Alonso y que obligó al coche de seguridad a salir.
Cuatro vueltas después, Button decidió que había llegado su hora y, con dos adelantamientos seguidos (el de Nakayima es para recordar) se colocó séptimo, un puesto que obligaba a Barrichello a ganar. Pero su prematura primera parada y un fallo mecánico le condenaron al octavo puesto. Ahora, como máximo, puede aspirar a su tercer subcampeonato del mundo (tras los dos de Ferrari en 2002 y 2004).
Como entonces, su equipo se ha proclamado campeón de constructores. Brawn GP, heredero de Honda, ha maximizado el poder de su dudoso (aunque declarado legal) doble difusor.
Fue en 1997 cuando Button destacó, al convertirse en el piloto más joven en ganar el Europeo Super A. Un año después, el nuevo rey del automovilismo logró la fórmula Ford británica y, en 1999, recibió el premio al mejor piloto joven otorgado por McLaren.
Eso le abrió la puerta de la F-1, donde debutó en 2000 con Williams. Dos temporadas después, tras pasar por Benetton (el segundo año ya era Renault) fichó por BAR-Honda, equipo madre del ahora campeón.
Turbulento pasado
Su estancia en el equipo, sin embargo, ha tenido turbulencias. En 2004, un doble contrato firmado por él con Williams y BAR acabó en un litigio que ganó la segunda. Y en 2008, viendo los nefastos resultados de Honda, amenazó con dejar el equipo. Entonces no imaginaba que sería la marca japonesa la que lo dejase, llevándole casi al paro hasta que Ross Brawn se hizo cargo del equipo. Con él, con el poderoso motor Mercedes, una gran aerodinámica y el doble difusor, ha logrado el Mundial.
BRIATORE RECURRIRÁ A LA JUSTICIA FRANCESA
Estaba claro, Flavio Briatore no iba a quedarse quieto tras la sentencia de la Federación Internacional del Automóvil (FIA), que le apartó de por vida de la fórmula 1 por su participación en el accidente voluntario de Nelson Piquet en Singapur el pasado año. Ayer, el italiano, ex jefe de Renault, anunció mediante un comunicado que hoy comenzará a emprender acciones legales contra FIA.
Será en el Tribunal de Gran Instancia de París, ante el que presentará una denuncia por "la deliberada violación por parte de la FIA del derecho de defensa". El italiano basa su denuncia en que la FIA le convocó de forma tardía en dicho proceso, no le informó debidamente de los cargos y no se le permitió acceder al informe de la acusación y al testimonio clave.
Asimismo, considera que hubo una "violación de las reglas para tener un proceso equitativo" por "la ausencia de imparcialidad" del órgano que le juzgó, al ejercer de juez Max Mosley, su gran enemigo en el gran circo, y caer en abuso de poder.
Las pretensiones del italiano son que se anule la decisión de la FIA y de todas las sanciones que le ha impuesto, sin perjuicio de una indemnización económica.




