Hay una gloria que sólo conocen los equipos humildes. La del ascenso. La que ayer alcanzó, tras cuatro años, el Rayo Vallecano. El madrileño ya es equipo de Segunda.
Los de Pepe Mel empataron (1-1) en su estadio ante un correoso Zamora y validaron el 0-1 obtenido en la ida.
Con mucho sufrimiento. Con todo el estadio pidiendo la hora a falta de cinco minutos. Y centenares de aficionados rezando. Así se logró la gesta del ascenso. Así expió el Rayo todos sus pecados. En un partido lleno de intensidad.
Media hora antes del encuentro, miles de hinchas colapsaban los alrededores del Estadio Teresa Rivero. Acodados sobre la boca de Portazgo, Alejandro y Rubén, aficionados del Zamora hacían su quiniela: "1-2", aventuraban. Como ellos, 1.600 zamoranos que se confundían con el resto de hinchas locales.
Pero la sangre no corrió. Más bien, la cerveza. En una de las esquinas, Miguel y Rodrigo apuraban unas litronas. Para ellos, la eliminatoria estaba clara: "3-0 a favor del Rayo".
Dentro, el estadio registraba un lleno absoluto. Era una olla a presión. Más de 15.000 gargantas recibían con confeti y vítores a su equipo. Las banderas republicanas ondeaban en el fondo. Los Bukaneros, afición rayista, arengaban a los suyos al grito de "Alas armas". Comenzaba la revolución.
Pachón, héroe local
En el campo, el Rayo manejaba el balón con calma. Sabedor de su ventaja. Collado y Albiol lo intentaba con tiros lejanos. Pero el gol se resistía. Y el Zamora esperaba agazapado. Dispuesto a dar su zarpazo.
Fueron los locales quienes golpearon primero. Nada más comenzar la segunda mitad, Pachón cabeceaba un córner y desataba la locura.
Pero no hay victoria que valga sin sufrimiento. Iván García, empataba a falta de cinco minutos y enmudecía el estadio. El Zamora apretaba y el público, en pie, pedía la hora. Pero no fue más que un susto. El Rayo es de Segunda.


