Estos son los libros que el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, nunca ha leído y nunca leerá: Mi tío Napoleón (Ático de los Libros), de Iraj Pezeshkzad, y Una historia iraní de amor y censura (Lumen), de Shahriar Mandanipour.
El primero tiene un arranque de los que aparecen en los Manuales. "Un caluroso día de verano, para ser exacto, un viernes 13 de agosto, a las tres menos cuarto de la tarde, me enamoré", escribe Pezeshkzad, nacido en Teherán en 1928.
Exiliado tras la revolución islámica de 1979, trabajó durante años en el Departamento de Relaciones Culturales del Ministerio de Exteriores iraní. Sin embargo, la llegada del Ayatolá Jomeini al poder lo condenó al ostracismo. ¿El motivo? Haber realizado un novela más que subversiva, divertida. Ambientada en el Teherán de principios de la década de 1940, Mi tío Napoleón es el re- trato de una familia que vive bajo la esperpéntica tiranía de un patriarca estrafalario que idolatra a Napoleón Bonaparte. Llena de enredos, la obra "prohibida" se desvela como una entrañable historia de amor. Un romance, más politizado eso sí, es también el que viven los protagonistas de Una historia iraní de amor y censura. Como el título indica, Mandanipour, nacido en Shiraz, exiliado en Estados Unidos y padre de numerosos relatos y ensayos sociales, se adentra en la sociedad contemporánea iraní para narrar la historia de Sara y Dara, dos jóvenes estudiantes que se conocen en una biblioteca e inician una particular relación a través de los libros que se intercambian.
Son Enemigos del Pueblo. Decenas de artistas viven condenados al destierro, como Marjane Satrapi narra en el cómic Persépolis, o sometidos a la represión política del régimen iraní, como recientemente se certificó con la detención del cineasta afín a la candidatura de Musavi, Jafar Panahi. Son los escritores del Otro Irán.




