La mítica banda de hard rock AC/DC no decepcionó ayer a las más de 18.000 personas que abarrotaban el Palacio de los Deportes de Madrid. Era complicado hacerlo pues los australianos no tocaban en la capital desde hacía nueve años. Los hermanos escoceses Angus y Malcolm Young (guitarras), Brian Johnson (voz), Cliff Williams (bajo) y Phil Rudd (batería) subieron puntuales a las 21.30 al escenario. Les precedió una máquina de tren que se estrellaba sobre el público y los acordes de Rock'n Roll Train, el primer sencillo de su nuevo disco Black Ice, para algunos el Highway to Hell del siglo XXI.
Con una brutal puesta en escena e interminables juegos de luces-en los que no faltaron efectos especiales y una muñeca hinchable gigante de 15 metros-AC/DC ofreció al público lo que esperaba. En la pista del Palacio había desde adolescentes que los veía por primera vez a cuarentones que ya los habían visto en el mítico directo No Bull de Las Ventas de 1996.
Tras 35 años de carrera y 150 millones de discos vendidos, no tenían nada que demostrar. Pero dejaron claras tres cosas: que a los 60 se puede hacer rock, que Johnson no tiene nada que envidiarle a Bon Scott, primer cantante de la banda, y que el heavy tiene en España el público más fiel.
En las dos horas de actuación repasaron sus grandes éxitos, de Highway to Hell a Hells Bells. Cierran en Bilbao su primera parada en España. En junio su tren volverá al Vicente Calderón.

