Carlos Ruiz Zafón entra pidiendo disculpas "por la intromisión", y sale de la misma forma: "prometo no volver a hacerlo".
La portada del martes 22 de abril –hoy es suya, él la va a decidir, y le da reparo: "Es que no soy periodista, soy un novelista".
El autor de El Juego del Ángel (Planeta) se queja pero se sienta con el consejo de redacción en la reunión diaria de la que sale la primera página del día siguiente, y lo cierto es que disfruta. Buena prueba de ello es el cambio en el tono de voz. Ruiz Zafón ha llegado hablando casi en un susurro, como acostumbra, con esa flema que lo mantiene sobrevolando el huracán que provoca. Y a los cinco minutos de reunión, su tono es enérgico y sus argumentaciones agudas. A su derecha, Albert Montagut, director de ADN, cumple lo prometido: hacer de guía.
Noticias y continuación
Pasan por delante del escritor las páginas de lo que será este ADN y en seguida se empeña en diferenciar cuáles son las noticias que suponen una novedad y cuáles son "sólo continuación", como él lo llama, de temas que se alargan en el tiempo.
Así, considera que la negativa de Esperanza Aguirre presentarse a la presidencia del PP es tema nuevo mientras que la apertura de la sección de Economía sigue un hilo de larga duración. "Está bien", reflexiona, "ahora el Gobierno admite la crisis, habrá que ver qué hace".
Muestra también interés por la información que abre la sección de La Vida, el aumento de la ciberdelincuencia, y la pone en duda. "La cifra es relevante si es verdadera", dice, a lo que Carmen Fernández, jefa de la sección, puntualiza que se trata de datos del Observatorio de Internet y de la Policía Nacional.
Luego le llega el turno a Deportes, que pasa rápido porque Zafón se declara ignorante. "No entiendo nada de fútbol, mi criterio es el mismo que el de una paloma que entrara ahora mismo volando por la ventana".
La apertura de Cultura enfrenta a Amy Winehouse y Duffy, "las zafonas de la música pop", a decir de Miqui Otero, jefe del área. El escritor levanta la cabeza, sonríe y añade, "sí, sólo que yo no me chuto... sólo Coca-Cola, pero eso es legal", en relación a la conocida tendencia de Winehouse al consumo de estupefacientes.
Foto con historia
Y llega el momento de tomar decisiones. Junto a Montagut, un Ruiz Zafón ya relajado, cómodo, se enfrenta a la página en blanco que será la primera del diario. ¿Qué noticia manda? No duda: "La lucha del PP es de interés nacional, y la negativa de Esperanza Aguirre es la noticia del día".
Entonces, Nuria Launes, responsable de Fotografía, le recuerda que tiene varias imágenes de la presidenta de la Comunidad de Madrid. A la vista de una de ellas -la que aparece hoy en primera página-, el autor de El juego del Ángel levanta la mano y declara: "hombre, esta foto tiene historia". Frente a él, Aguirre se arregla la bufanda con gesto airado.
El gamberrete
A la hora de sentarse ante la pantalla con la maqueta, del Ruiz Zafón comedido, discreto y algo altivo del principio queda poco. Con Olga Amigó a los mandos del diseño, el escritor se dedica a bromear sobre la actualidad.
Al fin ha salido el gamberrete que lleva dentro. El que observa de nuevo la foto de Aguirre y suelta: "Me la imagino citándose con Alberto Ruiz Gallardón a duelo en el parque del Retiro". Y luego, ante la foto del príncipe Felipe tras pilotar un Eurofigther, lo encuentra "más chulo que un ocho". Y se maravilla de la cantidad de posibilidades que ofrece la información del día para elaborar una primera página.
Sólo al irse recupera en algo el personaje con el que ha llegado. La redacción trabaja al galope y, antes de salir, les repite discreto: "Pido disculpas por haberme inmiscuido y prometo no volver a hacerlo".
LA IMAGEN
Primera impresión
A primera vista, si uno no tiene ocasión de rascar, Carlos Ruiz Zafón pasa por ser un hombre serio, pausado, maduro y algo redicho a quien las cosas de las ventas y la fama le resbalan. Su discurso tiene pocas fisuras, sus argumentos son incontestables y sus gestos tienen el aire del alumno aventajado que copia al maestro porque sabe que lo va a superar. El que engaña a los curas impostando.
Segunda
En la segunda impresión, después de un rato con él, Ruiz Zafón ya es ese alumno que prometía esconder al principio, con algo de freaky, tercio de coleccionista loco y tercio de ser el primero de la clase, aplicado pero díscolo, un pelo sobrado.
Y tercera
Al cabo de un rato relajado, asoma detrás de los ojillos brillantes el filo de un sentido del humor irreverente y descreído. Uno puede ver al chaval que todavía carga y apostaría cualquier cosa a que se chupa los dedos con lo que le gusta y sus berrinches son de órdago cuando se le rompen los caprichos.

