Verde, el color de la esperanza, y el del simulacro de revolución sobre la revolución islámica de 1979. Las elecciones generales del país, celebradas el pasado 12 de junio, provocaron una erupción que no por esperada evitó una profunda herida en la imagen de Mahmud Ahmadineyad acusado de fraude electoral. El poder teocrático del régimen ayatolá se ha convertido en la fuerza represiva y calculada de una oligarquía radical que maneja los hilos de un país ya muy fragmentando. Los partidarios de Mir Hussein Musavia, el líder opositor, tocados de verde y de ansias de otro tipo de política menos beligerante, se manifestaron durante los meses de verano, topando una y otra vez contr una pared.Y no era de colores...
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