Pulseras que no dan equilibrio, sistemas de ‘brain training’ que no agilizan el cerebro, alimentos que creíamos casi medicinales y que podrían no ser tan saludables y un DVD que no hará a nuestros bebés más listos. El consumidor moderno se debate entre una necesidad casi metafísica de ‘creer’ en productos milagrosos y la pulsión de ponerlos a prueba. Los reguladores han hecho recular a algunas campañas que prometían resultados sorprendentes.
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