El vicepresidente del Grupo Santander, Matías Rodríguez Inciarte, ha desvinculado al máximo responsable de la entidad, Emilio Botín, de la compra por parte de Banesto del 45,3% del capital de Aguas de Fuensanta a la familia de Rodrigo Rato en 1999.
En las declaraciones como imputado ante el juzgado de instrucción número 47 de Madrid, que investiga la operación, Matías Rodríguez Inciarte ha asegurado que "no le constaba" que Botín hubiera dado indicaciones para comprar la sociedad, cuya adquisición, además, desconocía.
El directivo del Santander -imputado junto a Botín, otros directivos del banco, Rato y su hermano por los presuntos delitos de apropiación indebida, administración desleal, falsedad en documento mercantil, cohecho y negativa de información a socio- justificó la compra por el hecho de que "a veces se producen adquisiciones de activos que persiguen mejorar una posición" de una entidad.
Ganar favores de Rato
En la querella, la acusación particular sostiene que Banesto compró el capital de Aguas de Fuensanta a la familia Rato con el objetivo de "ganarse el favor de Rodrigo Rato", ya que pagó un "precio desorbitado", próximo a 1.000 millones de pesetas (6 millones de euros) por una sociedad en "quiebra técnica".
Rodríguez Inciarte también se ha referido a la operación de venta de la sede de Banesto en Castellana, 7, que aseguró que fue tratada en la Comisión Ejecutiva de la filial del Banco Santander.
El vicepresidente no ejecutivo de Banesto, Víctor Menéndez, que también está imputado en la investigación de las dos operaciones, relató que la venta de la sede formaba parte del programa de saneamiento del banco, y que el pago de comisiones era una práctica común.
Los querellantes sostienen que la venta en 1996 a Ángel Luengo de la sede de Banesto en Castellana, 7, que supuso unos ingresos de 8.400 millones de pesetas (50,5 millones de euros), conllevó el pago de unas comisiones fraudulentas de 100 millones de pesetas, que se abonaron a través de paraísos fiscales.
En cuanto a la compra de Aguas de Fuensanta, sostuvo que "es otra operación más de las miles que se realizan" y la calificó como una transacción de recuperación de créditos. "Lo que parece imposible es que el banco se quedara con una sociedad que estaba en quiebra", ha declarado Menéndez.




