Almudena, con su primer ejercicio de la final
Afp Pekín, China
La española Almudena Cid cerró su carrera deportiva con el octavo puesto en la final individual de gimnasia rítmica de Pekín 2008, tras superar la décima posición con la que había obtenido un puesto para el último día.
Con la cuerda la vitoriana alcanzó una puntuación de 17.000 (la séptima del concurso) y con los aros sumó la misma puntuación, pero fue la novena mejor nota. En su tercer ejercicio, con las mazas, ha obtenido una puntuación de 17.750 En la última ronda, con la tira (16.950), ha cumplido con su última actuación en unos Juegos Olímpicos y se ha despedido besando el tapiz.
La vitoriana, que con veintiocho años fue la gimnasta más veterana de toda la competición, tanto individual como por equipos, se fue con brillo y con un listón difícil de igualar. Cuatro finales olímpicas consecutivas.
La española amarró la cinta con el pie en el último movimiento del ejercicio. Se levantó, se inclinó y besó el tapiz. No lloró, la española. Fue feliz. Había descargado toda su emoción en la previa. Cuando pensó que su nota no daba para otra final. Si dio. Volvió a decir adiós con una sonrisa. Había disfrutado Almudena Cid. Había aumentado su historia.
Cid acabó en el octavo lugar, por delante de Bulgaria e Israel. Con un total de 68.100 puntos. Era donde podía llegar la vitoriana, que sólo tuvo delante a gimnastas reputadas, respetadas por el jurado y para las que no hay fácil alcance.
La lucha por el oro
La rusa Evgenia Kanaeva ha sido la campeona olímpica. La bielorrusa Inna Zhukova se adjudicó la medalla de plata y la ucraniana Anna Bessonova, campeona del mundo, fue bronce. La rusa Olga Kapranova, una de las grandes favoritas, se quedó fuera del podio.
Kanaeva se erigió en la nueva reina. Nadie frenó el impulso de esta joven de dieciocho años, la nueva sensación de Rusia, que sorprendió en su irrupción en la temporada. Ha sido Pekín su consolidación. Ya muchos la consideraban como favorita por excelencia. Correcta y flexible sin caer en el contorsionismo fue firme desde el principio. Desde la fase de clasificación
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En la final siempre fue en cabeza. La campeona de Europa tuvo amarrado el oro. Casi desde el principio. Fue más regular que sus adversarias. Kapranova estuvo imprecisa y con errores de bulto, especialmente con las mazas, que la tuvieron en vilo durante la competición.
Polémica con las puntuaciones
Y eso que los jueces fueron comprensivos con la que advertía como gran candidata al oro olímpico. No tanto con la ucraniana Anna Bessonova, que tuvo el reconocimiento del público y que obligó a una revisión del jurado, también en la tercera rotación, que fue calificada de insuficiente por los presentes.
La situación predispuso a la rusa y ucraniana a un particular duelo por lograr espacio en el podio. Las calificaciones se demoraron insospechadamente.
Especialmente en el momento de la verdad. Comenzó con la discreta representación de Kapranova en las mazas. Una pérdida del equilibrio en el arranque y una falta de precisión del ejercicio de mazas la condenó. Y los jueces tuvieron que reconocerlo.
La gran beneficiada fue la bielorrusa Inna Zhukova, que en plena pelea de gallos se situó en el segundo puesto para alcanzar la plata.
El único espacio abierto en el podio acentuó el cara a cara entre Kapranova y Bessonova, que lo dieron todo en el ejercicio de cintas. Ambas bordaron la actuación. Pero salió airosa la ucraniana, campeona del mundo, que mantuvo el bronce que ya logró en Atenas 2004 mientras su gran rival se quedaba fuera de las medallas.





