Gemma Mengual, alma de la sincronizada española
Reuters
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A sus 31 años, Gemma Mengual, una de las mejores deportistas españolas de todos los tiempos, consiguió por fin en Pekín 2008 subirse al podio olímpico. Es el premio a años de trabajo en una disciplina en la que merecer el favor de los jueces cuesta sudor y lágrimas.
"Tenía como un aura", recordaba estos días Anna Tarrés sobre la primera vez que vio moverse cual pez en el agua a la nadadora, hace ya dos décadas. Un aura que la ha acompañado a lo largo de su década larga en la alta competición internacional y ha servido para que la natación sincronizada dejase de ser una casi total desconocida.
Mengual ha sido a la "sincro" en España lo mismo que Iván Raña al triatlón, ese talento que consigue a la chita callando hacerse un hueco entre los grandes del mundo y sirve de acicate para que el interés -y las ayudas- empiece a llegar.
No es fácil hacer compendio de los premios y reconocimientos que se ha llevado Mengual (Barcelona, 12 de abril de 1977), que se ha colgado más de 30 medallas en las principales competiciones internacionales desde aquel subcampeonato júnior europeo en 1994.
Los comienzos
Quizás uno de los más significativos es el oro que se llevó en el solo durante los Europeos en la ciudad holandesa de Eindhoven este mismo año, lo que deja constancia de la maratón que ha tenido que correr Gemma para conseguir su premio.
Era la primera vez que se hacía con un título en la competición individual, superando en esa ocasión a la exquisita rusa Natalia Ischenko. Detrás de ese oro, más de una década en la alta competición quedándose siempre con la miel en los labios.
En Eindhoven, Mengual consiguió además un hito histórico: convertirse en la única nadadora del mundo en conseguir cuatro medallas de oro en unos campeonatos del mundo o europeos, aunque es cierto que, a diferencia del solo, fue sin la presencia en el dúo, el equipo y el combo de las todopoderosas rusas.
La segunda parte de la recompensa ha llegado en Pekín, en color de plata pero con sabor de oro, pues se trata de las primeras medallas olímpicas que se cuelga Mengual, quien ha insinuado su intención de retirarse tras el Mundial de Roma de 2009.
Si bien los metales han sido compartidos, en el dúo y en el equipo (las dos únicas modalidades olímpicas), nadie duda de que son también una especie de premio personal.
Las herederas
"Ella es más buena que yo", respondía sin ambages hace unos días la campechana AndreaFuentes, su pareja de dúo, cuando le preguntaron cuáles eran las diferencias entre ambas nadadoras.
La espigada pero fuerte nadadora de 173 centímetros ha dejado sin duda una impronta en el femenino planeta de la natación sincronizada, con un estilo marcado por la poderosa ejecución pero, sobre todo, por su arrebatadora puesta en escena.
Para lograrla incontables horas en la piscina desde que a los nueve años descubrió este deporte a través de una prima que vivía en Suiza. Ocho horas al día de entrenamiento seis días a la semana han sido su rutina diaria en los últimos años.
Desde la piscina del Kallipollis, el club donde ha desarrollado toda su carrera deportiva, al pequinés Cubo de Agua, uno de los estadios más emblemáticos de los Juegos de Pekín, Gemma Mengual se irá, cuando se vaya, con uno de los historiales más envidiables del deporte español.
Y para quienes no consideren que la sincro es un deporte, valgan las palabras de la rusa Anastasia Ermakova, que se ha colgado cuatro oros entre Atenas y Pekín: "La gente que dice que no es un deporte debería sumergirse e intentar hacer lo que nosotras hacemos".


