El segundo título continental de España en fútbol absoluto fue recibido por todo el país con inmensa alegría. A nadie le importó que al día siguiente fuera lunes y había que ir a trabajar; sólo importaba el momento y vivir la fiesta.
Madrid fue el centro de las celebraciones. Alrededor de 65.000 personas, según datos de la policía municipal, atestaron la céntrica Plaza de Colón y sus alrededores para presenciar desde las pantallas gigantes instaladas en el lugar el triunfo de la selección española en Viena.
Los cuerpos de seguridad del Estado estuvieron protegiendo la mayor parte de las fuentes, como Neptuno o la Cibeles, lo que provocó el enfado de algunos energúmenos. Los antidisturbios tuvieron que desplegarse por la zona de Alonso Martínez, cercana a Colón, para evitar que los violentos -pocos, pero muy ruidosos- llevaran sus actos más allá de unos cuantos cubos de basura tirados y alguna bolsa de basura quemada en la calzada. Estos incidentes sólo tuvieron un herido de consideración, según fuentes de Emergencias 112 del Ayuntamiento de Madrid, que sufría politraumatismos de carácter grave en el cráneo y fue trasladado a un centro hospitalario.
Barcelona gritó "¡España, España!"
Las Ramblas de Barcelona y su fuente de Canaletas, puntos habituales de concentración de los aficionados azulgrana, se llenaron de banderas españolas para celebrar la victoria del equipo de Luis Aragonés.
Nada más terminar el encuentro, miles de personas se desplazaron hasta el centro de la ciudad coreando "¡España, España!" y saltando de alegría. Por toda la ciudad se oyeron petardos para celebrar el gol de Torres, a la vez que muchos barceloneses salieron al balcón para gritar el tanto.
En Valencia, todos con Villa
En la Comunidad Valenciana miles de aficionados se echaron a las calles para festejar el triunfo español con un constante sonar de los claxon de los vehículos y de tracas para expresar su euforia.
Como suele suceder cuando el Valencia CF logra un título, el punto de reunión para festejar el éxito fue la plaza del Ayuntamiento, donde conforme pasaban los minutos se fueron sumando a la fiesta una multitud de seguidores vestidos con camisetas rojas de la selección y con banderas de España.
Cánticos como "Yo soy español", "Campeones, campeones", "Illa, illa, illa... Villa maravilla" fueron los que más sonaron en la céntrica plaza de la capital sólo interrumpidos por los petardos, cuyas explosiones eran jaleadas por los presentes, entre los que se veían pancartas que rezaban: "Gracias Dios por ser español" o "España, campeona".
El feudo alemán: Mallorca
Por su parte, los alemanes que se encuentran de vacaciones o residen en Palma de Mallorca cambiaron la alegría por silencio, suspiros y lágrimas de rabia solapadas por el eco de la victoria española que se celebraba por todo lo alto a pocos metros de ellos.
Apostados en sus locales delante de los televisores y con sus indispensables cervezas en la mano, germanos resistieron todo el partido a pesar de que a medida que avanzaban los minutos la fiesta se iba tornando en un funeral.
Andalucía, Castilla y León, País Vasco...
En Andalucía, las pantallas gigantes instaladas en lugares públicos de varias ciudades, además de bares y peñas, fueron importantes puntos de concentración de los aficionados, que durante el partido dejaron desiertas las calles y que fueron saliendo poco a poco a celebrar la victoria agitando enseñas nacionales y haciendo sonar las bocinas de sus coches.
En toda Castilla y León hubo posibilidad de ver el partido al aire libre, con la posterior fiesta cuando el árbitro italiano Roberto Rosetti pitó el final del encuentro. La Plaza de Zorrilla de Valladolid, la Plaza de Toros de Palencia o la Cubierta Multiusos de Ávlia fueron algunos de los sitios donde los aficionados gozaron del partido y, después de la fiesta.
También en Bilbao, Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria o en Santander, Murcia y Toledo los aficionados salieron a las calles para festejar, entre cánticos y bocinas de coches la segunda victoria española en la Eurocopa.




