Silva fue el autor de uno de los goles
EFE VIENA (AUSTRIA)
Apoteósico. Delirante. Histórico. Ansiado. Merecido. Grande. España, a la final. Sí sí, a la final de la Eurocopa. Vuela España como un cohete. Camina España como un gigante. ¿A qué ha venido a Viena? A ganar, ganar y ganar.
Ni la lluvia, ni el viento ni los relámpagos. Nadie puede apagar la llama de la ilusión de España. De rojo gana. De amarillo, como ayer ante Rusia, también. Y burlando los malos presagios convirtió el odiado color de Luis Aragonés en el resplandeciente brillo del oro.
Abrió la cuenta Xavi, la amplió Güiza y la remató Silva. Y las lágrimas de rabia de Villa, retirado por lesión cuando apenas corría la media hora, se convirtieron en la felicidad total para España. Para un equipo que no entiende de pasados. Ni de frustraciones. Ni de derrotas.
La generación Luis quiere hacer historia. Y, tras 24 años sin degustar el gratificante sabor a final, España mastica y saborea el momento más dulce desde 1984 sin perder un sólo segundo de vista el objetivo: ganar, ganar y ganar. Quiere actualizar de una vez por todas las vetustas imágenes de 1964, la única vez, no la última, en la que ha recogido el título que distingue a los mejores.
Rusia nunca fue rival para España. Aguantó los primeros 45 minutos. Pero se derrumbó ante la sublime segunda mitad del grupo de Luis. Con Iniesta y Ramos de nuevo en sintonía, el combinado nacional destila una perfecta constelación armónica.
Sí sí, España jugará la final de la Eurocopa.
Alemania espera el domingo. La tradición germana contra el empuje español. Se abrazaron todos los jugadores tras el pitido final. Gritaron de júbilo los 8.000 valientes que acompañaron a un equipo que, ahora sí, acaricia la gloria.
Ni Arshavin fue Arshavin, ni la Rusia del poderío físico inquietó. España se pudo vengar de Hiddink por la dolorosa e injusta eliminación en el Mundial de 2002, cuando entrenaba a Corea. Y de qué manera: siete goles, entre los dos partidos ante su equipo. Ante la revelación de la Eurocopa.
Nada puede nublar el horizonte dorado que se le presenta a España. Al fútbol de toque, a la elegancia por bandera, ya sólo le falta un obstáculo que barrer. Un pasito para elevar a la categoria de mito la gesta que está dibujando en la mágica Viena. Apoteósico.
Ficha técnica:
0 - Rusia: Akinfeyev; Anyukov, Berezutski, Ignashevich, Zhirkov; Semak; Zyryanov, Shemchov (Bilyaletdinov, m.55), Saenko (Sychev, m.56); Arshavin; y Pavlyuchenko.
3 - España: Casillas; Sergio Ramos, Puyol, Marchena, Capdevila; Senna; Iniesta, Xavi (Xabi Alonso, m.68), Silva; Villa (Cesc, m.33) y Fernando Torres (Güiza, m.68).
Goles: 0-1, m.50: Xavi a pase de Iniesta. 0-2, m.73: Güiza engaña a Akinfeyev tras pase picado de Cesc. 0-3, m.82: Silva a placer tras asistencia de Cesc.
Árbitro: Frank De Bleeckere (BEL). Mostró cartulinas amarillas a Zhirkov (55) y Bilyaletdinov (60) por Rusia.
Incidencias: segunda semifinal de la Eurocopa 2008, disputada en el Erndt Happel Stadion, lleno, con la asistencia de 51.428 espectadores. Presidieron el encuentro los Príncipes de Asturias. Junto a ellos estuvieron la ministra de Educación, Mercedes Cabrera; Michel Platini, presidente de la UEFA; Jaime Lissavetzki, secretario de Estado para el Deporte; Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico español; Angel Villar, presidente de la RFEF, más numerosas personalidades de la política y el fútbol de España y Rusia.





