El día que Pep Guardiola decidió que quería iniciar un nuevo ciclo como entrenador, cogió una maleta repleta de libros y se marchó a Salamanca.

Lillo, entrenador del Almería.
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Mañana, por primera vez, Lillo y Guardiola dirimirán su tratado en un campo de juego. Será en un trascendental Almería-Barça y las incógnitas se ciernen sobre el grado de conocimiento que tienen ambos de su estrategia. "No sé si existe un antídoto a mi alcance. Otra cosa es que haya quienes se crean más listos que nadie y afirmen tenerlas. De lo conocido no se puede interpretar lo desconocido. Ya veremos tras el partido", dice Lillo.
Diferencias con Cruyff

Guardiola, durante un partido.
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El idioma de Guardiola y Lillo es muy cercano, extremadamente técnico, pero con dosis de extravagancia. Lillo lo demuestra más que Guardiola, viviendo en una pequeña aldea del Cabo de Gata, La Fabriquilla, de un centenar de habitantes. "Busco la soledad. Necesitas apartarte de la escena, para ver tus errores y volver al máximo". "Pero Pep es igual. Es muy obsesivo y necesita tener todo bajo control. Le gusta dejarse el alma y por eso necesita algunos intervalos de soledad".
La eterna incógnita que deambula es saber si hubo o habrá algún día en el que ambos técnicos trabajen juntos. "Siempre hemos querido trabajar juntos, incluso con la secuencia invertida. En este caso concreto no digo ni que sí, ni que no", concluye Lillo.
EL APUNTE
Todo comenzó hace 14 años en Oviedo
La fascinación de Guardiola por el fútbol de Lillo comenzó en la temporada 96/97 en Oviedo. Lillo lo recuerda:"Me acuerdo que perdimos 2-4 y que al terminar el encuentro llegó el delegado del Barça para indicarme que Pep quería hablar conmigo. Me felicitó y comenzamos a hablar".




