Pato celebra su primer gol al Milan.
Reuters Madrid
Un año y casi 300 millones de euros después, el Madrid está donde estaba. Sin juego ni estilo, su pegada es suficiente para mantenerle en lo puestos de arriba en Liga. Y la absurda anarquía táctica, propia de los equipos que carecen de entrenador, hace que sufran en Europa a nada que su rival tenga algo, aunque sólo sea un nombre, como ocurrió ayer ante el Milan.
Los rossoneri, un equipo hundido en su propia vejez, humillaron a los blancos, incapaces de enarbolar cualquier atisbo de fútbol. Eso propició que el actual Milan, el peor de la historia que se recuerda, fuera capaz de asaltar un templo que nunca antes había conquistado.
Basta un dato para demostrar la absoluta debilidad de un equipo muy poco trabajado: hasta ayer, el conjunto italiano había marcado sólo ocho goles en los 10 partidos que había disputado. Al Madrid, le hizo tres en 90 minutos. Y pudo marcar alguno más.
Ritmo cansino
Pero, lo peor, es que lo hicieron andando. No les hizo falta correr para superar a unos decepcionantes Kaká, Granero, Xavi Alonso y Lass. Incluso Ronaldinho, que es una caricatura de jugador, se fue varias veces de un Sergio Ramos que parece acabado para el fútbol y que sigue teniendo dejes de sobrado.
Sólo Raúl no defraudó. De él no pueden esperarse ya grandes cosas, pero sí una: que sea el más listo de la clase. Ayer volvió a serlo, al aprovechar un error de Dida y poner por delante a su equipo.
Después, en una segunda parte vergonzosa, el Madrid sucumbió ante un equipo que siguió andando. Eso sí, lo hizo más junto. Sólo con eso demostró al club de Florentino lo lejos que está de la soñada final de Champions que se jugará en el Bernabéu.





