Ibrahimovic se lamenta tras fallar una ocasión de gol.
EFE Barcelona
El Barça se mete en un lío.
Se ha enredado de mala manera el campeón de la Champions League. Su derrota en el mismísimo Camp Nou y ante el modesto Rubin Kazan ruso, deja su grupo convulsionado. Todos tienen opciones de clasificarse, tras el empate (2-2) entre Inter y Dinamo de Kiev. Y de quedarse fuera. Una ruleta rusa.
A este Barça le pasa algo. Cierto que nada se puede hacer ante el gran gol de Ryazantsev sólo empezar el duelo. Pero, luego, al equipo de Guardiola se le supone mucho más. Y, al contrario que en la temporada anterior, apenas tuvo recursos ante un rival muy organizado, más rodado, pero infinitamente menos técnico.
Guardiola alineó un equipo ultra ofensivo, con un centro del campo de ataque y por Márquez en lugar de Puyol. Pero de nada sirve eso si los jugadores no se mueven sobre el césped. Están estáticos. Messi, quizás descentrado tras su paso por Argentina, ha perdido su ángel. A Iniesta le falta confianza.
Empate contraproducente
Sólo una conexión de dos súper clase como Xavi e Ibrahimovic propició un empate, al inicio de la segunda parte, que quizás fue contraproducente: dio la impresión de que el Barça acabaría ganando por inercia. En cambio, perdió en un contraataque que condujo Domínguez.
A la desesperada, el grupo azulgrana encerró al rival en el área tras el 1-2. Estrelló dos balones en los palos (Ibrahimovic y Toure), pero las súplicas del técnico del Rubin desde el banquillo, siempre sujetando unas plegarias religiosas, evitaron el empate.
El Camp Nou y el Barça perdieron ayer en Europa la aureola de equipo inexpugnable. Ahora, al Barça le espera el frío invierno de Kiev y Kazan y recibir en casa al competitivo Inter de Mourinho. Un enredo. Grande.





