Higuaín, pasión y superación
Reuters
Gonzalo Higuaín es un tipo con el que hay que contar siempre hasta el final. Así lo han aprendido en el Real Madrid desde que ficharan hace casi dos años (el 14 de diciembre de 2006) a este imberbe delantero con sangre futbolera circulando por sus arterias.
Cuando llegó al equipo blanco era una promesa llegada de Argentina con menos de 40 partidos en la Primera División. Era vertical, inteligente en el juego táctico en la zona del campo con menos tiempo para la reflexión, derrochaba energía por cada rincón, se decolgaba a los costados con solvencia y contaba con la experiencia de haber jugado en un grande como River Plate. Pero entre los aficionados comenzó a surgir el recelo por un delantero que no marcaba goles.
A la sombra de Van Nistelrooy, Raúl, Robinho o incluso Reyes y Cassano, el argentino tuvo que hacerse un hueco entre los 26 futbolistas que terminaría empleando Fabio Capello. Su fama de disparar sin mirar a portería y su precipitación en la suerte del gol le convirtieron en sospechoso hasta que llego el final de Liga que supondría la remontada del equipo blanco. Marcó su primer tanto en el Vicente Calderón para superar al Atlético de Madrid y en mayo del mismo año certificó la victoria sobre el Espanyol tras remontar un 1-3 en contra para personificar una de las claves que permitieron el triunfo en Liga del Real Madrid.
Apenas habían transcurrido seis meses y el nieto de Santos Zacarías El Piponazo le pudo enseñar a su abuelo boxeador un nuevo logro poco antes de que falleciera. De aquel cascarrabias había aprendido a ser orgulloso, astuto y apasionado, un carácter que exponía en el césped.
Rebelión contra el papel secundario
En su segunda temporada también hubo de hacerse con hueco porque ni siquiera ilusionaba a sus aficionados a la espera del Cristiano Ronaldo que pregonaba Ramón Calderón. Se le veía como el revulsivo, el futbolista con estrella que podía solucionar a los postres lo que los primeros espadas no habían conseguido.
No llegó a ser titular más de seis partidos consecutivos pero participó en 25 encuentros y sus ocho goles no fueron suficientes para solucionar su sambenito de ser mal rematador. Seguía amplificando sus cualidades con su inteligencia para la llegada al área y su adaptación paulatina a las posiciones de banda, desde donde ayudó a Schuster a ganar una nueva Liga.
"Lo más importante es que él está muy confiado y esa es la manera adecuada para conseguir lo que se proponga" dijo su padre el 22 de diciembre de 2006
Esta vez se fijó en su padre, Jorge El Pipa Higuaín, quien participó con Boca Juniors a finales de los ochenta y disputó 181 partidos con el River Plate que más tarde descubriría al 'Pipa'. De su progenitor no heredó sus condiciones porque era un defensa central poderoso en el juego aéreo, sino su orgullo y "lo que el futbolista transmite a la gente en el campo". Gonzalo conquistó a la grada trasladando la fe y la ambición de la victoria que exige un club 'grande' al tiempo que pulía la enorme calidad de un joven en progreso.
Actor principal y reconocido
Su paso definitivo ha llegado esta temporada, con la oportunidad de mantenerse en el equipo durante varios partidos consecutivos como titular. Lo primero que ha hecho es eliminar el fantasma de su imprecisión anotando 12 goles en 10 partidos, coronado con sus 4 tantos ante el Málaga el 8 de noviembre y el nacimiento de su efectivo disparo raso desde el borde del área como arma letal.
La explicación de su transformación la resume de esta manera el ex futbolista argentino del Real Madrid, Quique Wolff: "Hay que tener en cuenta que mi caso, como el de Valdano o el de Redondo, veníamos de jugar en otro equipo español, con lo que estábamos un poco ambientados al torneo español. De todos modos, jugar en el Madrid y en el Bernabéu siempre lleva un período de adaptación. Nosotros no lo sentimos tanto como lo sienten los que llegan de Argentina, más allá de que Gago e Higuaín jugaban en Boca y en River".
Ahora Gonzalo cuenta con el respaldo del aficionado, con la confianza del goleador, la experiencia en duelos de la máxima rivalidad -River ganó 3-1 a Boca con dos goles suyos- y con los consejos de un padre que vivió 11 'superclásicos' en Argentina. En definitiva, es el máximo goleador en Liga del Real Madrid y la principal esperanza del equipo blanco junto a su capitán Raúl. La espina de no haber podido jugar la pasada temporada y el poste que evitó su gol en 2006 en Barcelona envalentonarán aún más al delantero tres días después de su 21 cumpleaños. ¿Será este sábado el francotirador de los momentos clave para los blancos? El sábado, la respuesta.


