Sergio Busquets golea y 'rasca' por igual.
Reuters
Su padre fue cuestionado como portero en las 10 temporadas que defendió la meta del Barça pero admirado por su espíritu libre y alma de delantero. Uno de los integrantes más genuinos de aquel Dream Team entrenado por Johan Cruyff, Carles Busquets se ganó un preciado rincón en el corazón de los aficionados azulgrana. Los mismos que ahora se están encariñando con su hijo, Sergio.
El chaval, de 20 años y a punto de renovar contrato, jugaba hace apenas un año en la Tercera División con el mismo entrenador que ahora le ha dado el espaldarazo en la Liga de Campeones: Pep Guardiola. Y, aunque de forma bien distinta, desempeña las mismas funciones que ejercitó el Noi de Santpedor sobre el campo en su etapa como futbolista. Heredando el dorsal 28 pero las privilegiadas tareas de cuatro en el primer equipo, el de Sabadell alarga la saga familiar, como su padre, en un vestuario plagado de apellidos exóticos y grandes estrellas.
Sergio Busquets ha irrumpido como un toro de primera ganadería en la plaza del Camp Nou, donde choca con los contrarios, discute con el árbitro, conquista a sus compañeros y somete a la grada. Es, sin discusión, la sorpresa individual más agradable de la temporada del Barcelona: un futbolista forjado en el filial tras rechazar al Madrid, de excelente corte, mejor toque, gran visión de juego e indiscutible raza.
Y fuera del campo, calla.
No se les permite a los rookies del Barça hablar con la prensa más allá de la zona mixta tras los partidos, y es por eso que nada se oirá del flamante Internacional Sub-21 previo al clásico del sábado contra el Madrid. Y pese al silencio de micrófono, es muy probable que Busquets haga bastante ruido cuando empiece a rodar el balón.
La primera opción
Más asentado en la medular de Guardiola que compañeros con mayor rodaje como Touré o Keita, el joven mediocentro figura en la mayoría de quinielas para formar en el once titular ante el equipo de Juande Ramos, por mucho que a su técnico le guste sorprender con las alineaciones.
Sería raro que dejara en el banquillo a un futbolista que se ha ganado el respeto del resto en una posición tan exigente en el Barça como la suya. Y bien lo sabe Guardiola, el primero que vio en un espigado delantero centro de las categorías inferiores tala de cuatro. De playmaker. De facilitador.
Todo lo hace fácil Busquets desde que hace año y medio retrasara su posición a espaldas de los volantes: corta avances, toca de primera y con sentido dando al ataque del Barça esa punta de viveza que echa de menos su entrenador con otros; y lo cabecea absolutamente todo.
El 'rascador'
Con eso probablemente le bastaba al Barça tras los fallidos experimentos previos con Motta, Edmilson y Gerard en el eje de la medular. Pero el novato ha destacado también en una faceta en claro déficit las dos últimas temporadas en Can Barça: la de rascador.
Gustoso del cuerpo a cuerpo, ha demostrado que no le intimida ningún escenario ni rival, especializándose en buscarle las cosquillas al contrario, como demuestran la expulsión forzada de Nené en el derbi contra el Espanyol y algunos datos a mano: es el azulgrana que provoca más cartulinas del rival y el segundo que más faltas recibe y comete. Añádanle que ve puerta con la facilidad que se le supone a un ex ariete, como atestiguaran Basilea y Shakhtar en la Liga de Campeones, y la mezcla se antoja ideal para un choque de la máxima rivalidad.
Sergio Busquets, titular en un Barça-Madrid. ¿Quién lo hubiera dicho?





