Un activista a favor de un boicot de los Juegos Olímpicos en Pekín logró acceder al estadio de la Antigua Olimpia durante la intervención de Lui Qi, el presidente del Comité Organizador de los Juegos, poco antes de la ceremonia de encendido de la llama olímpica.
El activista logró superar las estrictas medidas de seguridad en el recinto de Olimpia y pudo levantar brevemente una pancarta que llamaba al boicot de los Juegos debido a la represión policial china en Tibet.
A pesar de este incidente, la llama olímpica arde ya e inicia su camino hacia China, donde se celebrarán los Juegos Olímpicos.
Nexo entre atletas y ciudadanos del mundo
En su discurso el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Jacques Rogge, expresó su esperanza de que "el simbolismo de la antorcha sea reconocido en todo el mundo".
"La antorcha une a los atletas con los ciudadanos del mundo, y tiene la fuerza de unir la humanidad y representar la armonía. A lo largo de la ruta la gente estará en contacto con su fuerza y los valores que representa", señaló el responsable del COI.
"Hoy abrimos el camino a los primeros juegos en China, donde vive una quinta parte de la población mundial. Espero que cumplirá su misión", agregó Rogge en su discurso.
El acto de encendido de la antorcha se adelantó a las 10 de la mañana para tratar de captar los últimos rayos de sol en la zona antes de las lluvias previstas y prender así la llama con la ayuda de un espejo cóncavo.
Los primeros atletas encargados de transportar la antorcha a su destino final entraron al estadio de Olimpia pasando primero por el templo de Hera, del 600 antes de Cristo, luego por el antiguo altar de Zeus, donde se encuentra la antorcha, y finalmente por la cripta del siglo III a.c.
El 30 de marzo, en manos chinas
Después de ser prendida, la llama recorrerá desde la Antigua Olimpia 1.528 kilómetros por suelo griego, antes de ser entregada a los organizadores chinos el 30 de marzo próximo.
Unos 605 relevos pasarán la antorcha olímpica de mano en mano por pueblos y ciudades griegas, con numerosas celebraciones a su paso.
La antorcha llegará finalmente al estadio Panathinaikós de Atenas, donde en el año 1896 se celebraron los primeros Juegos Olímpicos de la edad moderna.
En una gran ceremonia se entregará la antorcha al Comité de los Juegos Olímpicos de Pekín, que organizará el recorrido hasta llegar a la capital china. Este recorrido prevé que la antorcha atraviese territorio tibetano, pese a los recientes disturbios vividos en Tíbet en protesta por la ocupación china.
La llama pasará por el Everest
La antorcha olímpica también llegará hasta el monte Everest, el "techo del mundo". El grupo de montañeros que la portarán hasta el Everest han mostrado su confianza en llevar a cabo la gesta.
"Estamos preparados para el desafío. Los disturbios en Lhasa la semana pasada no cambiarán nuestro plan de coronar con la antorcha el Qomolangma (nombre con el que los tibetanos denominan a la montaña de 8.844 metros de altitud)", dijo Pemba Dondrup, uno de los escaladores del grupo.
Explicó que desde octubre han llevado a cabo "programas de entrenamiento consecutivamente en Pekín, Kunming, Lhasa y Yangbajin -cada lugar más alto que el anterior- para prepararnos para las severas condiciones en el Qomolangma".
"Tengo plena confianza en nuestros escaladores. Llevarán con éxito la antorcha a la cima", afirmó Nima Ciren, uno de los entrenadores del grupo y director de la Escuela de Guías de Montaña de Lhasa.
El vicepresidente del Comité Organizador de Pekín 2008, Jiang Xiaoyu, dijo esta semana que el recorrido de la antorcha olímpica permanecerá inalterable, con etapa en la región autónoma del Tíbet y ascensión al Everest incluidas, pese a los desórdenes de Lhasa.
El problema tibetano
Las revueltas tibetanas comenzaron el pasado día 10 en Lhasa con las manifestaciones pacíficas de cientos de monjes budistas, que querían conmemorar el aniversario de la insurrección popular fallida de los tibetanos contra los comunistas chinos en 1959.
La represión por parte de las fuerzas de seguridad chinas de las protestas pacíficas desembocó en una ola de violencia que se extendió a otras provincias chinas con población tibetana y que dejó 19 muertos según Pekín y cerca de un centenar de acuerdo con el gobierno tibetano en el exilio.




