Los transeúntes del Paseo de los Melancólicos, vía próxima al estadio Vicente Calderón, tienen desde este lunes un motivo más para entregarse a la nostalgia. Durante los últimos años, a la afición del Atlético de Madrid se le solía plantear una difícil disyuntiva para garantizar la supervivencia del club: traspasar a Fernando Torres o vender su estadio. En menos de un mes han sucedido ambas cosas.
"Si el Atlético fuera el Atlético, Torres habría seguido aquí", explica José Antonio Martín, más conocido como Petón, agente de futbolistas y consejero delegado de Bahía Internacional, la empresa que representa a Fernando Torres. "Ningún equipo vende a su emblema, salvo que existan ofertas estratosféricas. Pero el Atlético, fracaso tras fracaso, ha llegado a una situación en la que no se podía comparar con los grandes de Europa", lamenta Petón, que además de periodista y representante es rojiblanco de pro.
"Cambiar de estadio es un signo de los tiempos", explica Petón
La mudanza sí equipara al Atlético con otros históricos del continente: Benfica, Bayern de Múnich, Arsenal... Incluso el Liverpool de Torres tiene previsto dejar el viejo Anfield. "Para el Atleti, cambiar de escenario no es bueno ni malo", conviene Petón; "es un signo de los tiempos, lo están haciendo otros equipos europeos". En su opinión, entre la clase política madrileña existía una inquietud para dotar de contenido a una estructura como La Peineta, y el resultado es la venta del coliseo rojiblanco. "Si se dan dos condiciones, podemos decir que se trata de una operación como las que están cerrando los equipos grandes: en primer lugar, un documento contundente, que deje claro que el propietario es el Atlético; no sólo del estadio, sino de la zona adyacente. No se puede perder patrimonio físico ni espiritual. Lo segundo es que las plusvalías de la operación sirvan para hacer más grande a la institución".
El presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo, reconoce las "connotaciones nostálgicas" del traslado, pero cree que el cambio merece la pena: "Para el club representa una oportunidad histórica de crecer", asegura.
No obstante, hay aficionados radicalmente opuestos a la operación. La semana pasada, barruntando ya este desenlace, los atléticos más críticos con los actuales gestores del club convocaron a las puertas del estadio una concentración pacífica que reunió a cerca de 300 personas. Incluso se ha creado la Plataforma Salvemos el Calderón, que se opone a la venta del estadio al considerar que se trata de "especulación inmobiliaria" y porque "no será un beneficio ni para el club ni para la afición rojiblanca".
La Federación de Peñas también ha mostrado su oposición al traslado. En un comunicado, lamenta que el protocolo de actuación ha sido firmado con "premeditación, nocturnidad y alevosia, a espaldas de la afición atlética y de los madrileños", y que no beneficiara ni al Atlético ni a la ciudad de Madrid. "Desconocemos el texto completo del Protocolo", reconoce el colectivo, "pero mucho nos tememos que sea una infumable operación urbanistica, con beneficios millonarios, que no sabemos adónde irán".
Una nueva mudanza
El Atlético está acostumbrado a las mudanzas. El Estadio de Madrid (nombre oficial de La Peineta) será el quinto hogar del club desde su fundación en 1903 como satélite del Athletic de Bilbao, nacido cinco años antes. Durante una década disputó sus encuentros en una explanada próxima al parque del Retiro, en la actual avenida de Menéndez Pelayo, y en 1913, cuando se desligó de sus orígenes vizcaínos, se trasladó a un recinto vallado de la calle O´Donnell. Allí pasó una década más, hasta la inauguración, en 1923, del Metropolitano, un recinto para 25.000 espectadores en la actual Ciudad Universitaria, donde permaneció durante más de cuatro décadas.
El estadio Manzanares fue inaugurado en 1966 con un Atlético de Madrid-Valencia. El honor de conseguir el primer tanto de su historia le corresponde al actual seleccionador nacional, Luis Aragonés. El recinto contaba originalmente con capacidad para 62.000 espectadores, aunque tras unos cuantos lavados de cara se quedó en los actuales 54.851 asientos. Tras una de estas remodelaciones fue rebautizado como estadio Vicente Calderón, en honor al presidente que ordenó su construcción. Fue una de las sedes del Mundial 82, y pese a sufrir a principios de los noventa problemas de aluminosis por la intensidad del tráfico y la humedad del río, ostenta desde 2003 la categoría de estadio cinco estrellas que otorga la UEFA.
Hace unos años, el propio Petón planteó una posibilidad tan romántica como recuperar el Metropolitano. Propuso una ubicación muy próxima a la original, donde se levanta actualmente un campo olímpico de hockey hierba, rodeado por una pista de atletismo. Con ese terreno y algunas instalaciones más (un viejo polideportivo y unos cuantos edificios viejos que se podían haber canjeado en la operación), el proyecto sería viable. Además, al estar en plena Ciudad Universitaria, no habría problemas para aparcar en fin de semana, ni tampoco los miércoles por la noche. Sin embargo, la decisión ya está tomada. El futuro del Atlético está en La Peineta. La nostalgia se quedará junto al río.




