Funeral de Miguel Delibes.
EFE Valladolid
Un solemne y respetuoso silencio, sólo roto por aplausos y espontáneos gritos de "maestro", ha acompañado hoy al cortejo fúnebre de Miguel Delibes en Valladolid en su último paseo por el centro de la ciudad que le vio nacer, delante de sus paisanos que le han arropado hasta la entrada de la catedral.
Pegaba de plano el sol del mediodía en la fachada del Ayuntamiento cuando ha salido por el portón el féretro del escritor, portado por nueve familiares y escoltado por miembros de la Policía Local ataviados con traje de gala.
Encabezado por dos vehículos funerarios, desbordados por una muestra representativa de las decenas de coronas de flores que han llegado en recuerdo al fallecido, el cortejo ha partido hacia el templo pasadas las doce de la mañana, después de que algunos de sus familiares se reunieran y se dedicaran unas palabras de ánimo abrazados, haciendo una piña.
Señoras con el carrito de la compra, padres con sus hijos en brazos, curiosos con cámaras de vídeo y ciudadanos de a pie han aplaudido de forma incesante el paso del féretro hasta su salida de la Plaza Mayor, momento en el que una marea humana se ha trasladado por las calles aledañas hacia el templo.
Y es que el goteo de personas que ha querido dar el último adiós a Miguel Delibes ha sido incesante, hasta tal punto que a medianoche de ayer, las puertas de la capilla ardiente se abrieron para que un aragonés, acompañado de su hija, que había llegado tarde, rindiera un homenaje póstumo al escritor, según palabras del alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva.





