La noche del 30 de septiembre del 2003 Farruquito conducía su deportivo BMW por las calles de Sevilla, sin licencia de conducir ni seguro alguno. Benjamín Olalla, un mecánico de 33 años casado y sin hijos cruzaba tranquilo por el paso de peatones cuando lo arroyó el vehículo. "El pánico y el miedo se apoderaron de mí y sólo pensaba en correr y quitarme de en medio", recordaría el bailaor más tarde. Así lo hizo. Farruquito se dio a la fuga sin prestarle auxilio a su víctima que podría haberse salvado. Tras un polémico juicio, el bailaor fue sentenciado a tres años de cárcel en 2006.
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