José Félix Llopis se convirtió en coleccionista de arte a raíz de un golpe de buena suerte en un casino de Montecarlo al que le llevó Picasso. Desde entonces ha reunido unas cuatro mil piezas, parte de las cuales visitan ahora Cádiz en una exposición sobre el naïf brasileño.
"El coleccionismo ha cambiado un poquito", explica, en una entrevista con EFE este hombre nacido en Madrid en 1927 y que asegura que "nunca" ha comprado obras por negocio, a pesar de que el arte "es una inversión muy segura", especialmente en estos tiempos de crisis.
"Yo no he comprado sino lo que a mí me gustaba, nunca lo he visto como una inversión", afirma José Félix Llopis, que compró sus primeras piezas en Francia con el dinero que ganó en el casino junto a Picasso y que después descubrió el mundo artístico iberoamericano.
"Me extrañaba que no se conociera en Europa la riqueza de la pintura Iberoamericana", recuerda este coleccionista, que desde los años sesenta ha recorrido el continente americano para conformar una colección que aglutina desde el arte precolombino al contemporáneo.
Paralelamente desarrolló una carrera comercial en Hispanoamérica que incluso le llevó a crear su propia compañía de importación y exportación y la fábrica de puros Llopis, cuyo logotipo es también el de la fundación que ha constituido para difundir su colección de arte y, con ella, el arte iberoamericano.
Las piezas más baratas que ha adquirido son, según dice, las de pintura naïf, un estilo del que reunió unas cuatrocientas obras entre los años sesenta y ochenta.
"Cuando los compré no valían gran cosa", señala Llopis, que ahora muestra en el Castillo de Santa Catalina de Cádiz cómo la mirada inocente y colorida de estos pintores naïf sirve para contar "la historia grande y la historia pequeña" de los pueblos.
Lo hace con las obras de los artistas brasileños, en una muestra de obras de los artistas brasileños Dirce Pires, Camilo Eduardo Tavares, Dirceu Carvalho y Pedro Peloggia, todos ellos nacidos entre los años 30 y 40.




