Kate Winslet, con una creación de Yves Saint Laurent.
EFE Los Angeles
Será la influencia de los blogueros de moda, que se han cansado de criticar a las actrices que optan por vestidos blah y siguen cada año el catecismo -o gramática parda- de la alfombra roja (escote/rajapierna/colores negro o maquillaje) o será la colisión de actrices con un punto fashion forward (ver Mulligan, Carey y Gyllenhaal, Maggie), pero lo cierto es que la de 2010 será recordada como la edición de los vestidos interesantes, que no quiere decir exactamente exitosos.
Están las discretas, como Anna Kendrick, toda rubor vestida de Elie Saab de color empolvado con un vestido y peinado que le pone años, o Sandra Bullock, vestida de Oscar y con una melena favorecedora. Y luego están las que lo dan todo. Sabiendo que no cada año estarán ahí, optan por la opción que los norteamericanos llaman OTT. Over. The. Top.
Ahí se situaron claramente Jennifer Lopez y Amanda Seyfried, con dos modelos invasores del espacio (del espacio de los demás, se entiende) y Vera Farmiga, con su aparatoso y poco favorecedor Marchesa en fucsia, todo volantes. También Zoe Saldaña, de Avatar, medio ninfa-medio arbusto en tonos azul mimosín.
¿Y Penélope? Por suerte, se reservó el vestido para la noche. Y esa fue la del año pasado. Su elección de 2010, un formulaico y drapeado vestido color vino de Donna Karan no está a la altura de sus mejores noches. Lo mismo se puede decir de su peinado que hacía añorar algunos de sus fantásticos moños del pasado, como el que lució en 2005, cuando presentó un Oscar con Salma Hayek vestida en un decoroso Oscar de la Renta.
El riesgo no acabó de funcionarle a Maggie Gyllenhaal, algo escondida en su Dries van Notten de complicado estampado ni a Carey Mulligan, algo minimizada por su complicado Prada con aplicaciones y sus zapatos de bailarina, aunque se le dan puntos por el intento.
Diane Kruger también ha visto mejores alfombras, pero por lo menos nunca aburre. A su lado, Quentin Tarantino se parecía más que nunca a Joaquín Reyes haciendo de Tarantino. Buena pareja en el escenario para un Almodóvar de aparatosa pajarita blanca.
Meryl Streep, de blanco escultural y años cuarenta, estuvo aún más reinona que Helen Mirren, de Badgley Mischka y las mujeres de Precious coincidieron en azul princesa. Los brillos de la pechera de Gabourey Sidibe destacaron aún más en una noche de joyones mucho más discretos que de costumbre.
De entre los chicos, poco que decir excepto que a George Clooney le duran los Armanis más que las novias y que las corbatitas ganan a las pajaritas. Puntos, pues, para Jeremy Renner.





