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ADN.es / Cultura

Lunes, 13 de febrero de 2012. Actualizado a las 22:56h | : el tiempo en

Demasiada eficiencia y poco entertainment

La 82 edición de los premios de la Academia se llenó de ídoles teen, faltaron grandes estrellas y aburrió hasta la saciedad

Patrick Harris, de Cómo conocí a vuestra madre, dio inició a la 82 edición de los Oscar con un número musical que recordaba a los mejores momentos Broadway del año pasado con Hugh Jackman. Los presentadores bajaban literalmente del cielo al más puro estilo Old Hollywood y aunque Alec Baldwin y Steve Martin realizaban un monólogo inicial algo soso, enumerando a los nominados con epítetos graciosos, se anunciaba una buena química entre estos dos cómicos, criados en el Saturday Night Live. Sin embargo, el show se quedó aquí. Una ceremonia, que arrancaba fuerte para En tierra hostil con varios premios técnicos, evolucionaba excesivamente eficiente, hasta rozar la frialdad, se olvidaba del espectáculo de la fábrica de los sueños.

A pensar que los organizadores afirmaron que ésta era la edición más teen de la última década -en una búsqueda desesperada de audiencia joven y de una ceremonia más televisiva-, los rostros de Miley Cirus o Zac Efron salía bastante mal parados en las comparaciones con  los clásicos de la Meca del cine: Meryl Streep o Christopher Plummer llenaban una platea, más cerca que nunca del escenario y en la que, será por la crisis, reinaba la discreción. Los chicos Disney tuvieron excesivo protagonismo en una gala en la que ellos mismo se sentían extraños. Y sin embargo, Lauren Bacall, el galardón honorífico de la ceremonia, recibía la estatuilla dorada a toda su carrera de tapadillo, en una fiesta previa. Una pena. La gran dama del noir tuvo que conformarse con un breve aplauso a pie de silla.

"Y el ganador es..."

"Y el ganador es...". La antigua fórmula ha vuelto. La Academia ha abandonado "Y el Oscar es para..." por su legítima frase primigenia, menos políticamente correcta. ¿Ha querido Hollywood recordar sus Años Dorados? Un arranque musical, diez películas nominadas a la categoría reina, chicas con plumas en el cuerpo de baile y unos buenos cómicos sobre el escenario. Una vieja, pero resultona, gala no acabó de cuajar. Faltaron los vídeos divertidos, los chistes punzantes y las grandes estrellas de Hollywood. Al menos, el viaje en el tiempo del homenaje ochentero a John Hughes, director de Todo en un día o Solo en casa, alegró un poco la fiesta del cine.

La profecía no tuvo lugar apesar que el decorado de este año dominaba el azul. En él, aparecía un Ben Stiller vestido de Na'vi, hablando su lengua nativa para presentar el galardón a Mejor maquillaje. Por desgracia, el cómico Sacha Baron Cohen había sido expulsado de la gala por un hacer un gag poco afortunado sobre James Cameron. Borat/Bruno incomodó demasiado al director de Titanic con un chiste sobre embarazos no deseados que bien habría alegrado esta gala, donde como en la alfombra gris, dominó el gris. La "lluvia de humor" que prometían los guionistas se quedó en un chubasco aislado.

Este año estaban desaconsejados los lloros y los agradecimientos a madres y agentes, pero el guionista de Precious casi no podía retener las lágrimas, como las de Gabourdey Sidide, tras oír el discurso de Ophra sobre su interpretación en Precious. Por fin un poco de emoción para una gala, que culminó con un emocionado discurso de la primera mujer que se alza con un Oscar en la historia del premio. Katryn Bigelow es la mejor directora del año por En tierra hostil y James Cameron un mal perdedor, al que se le quedó cara de palo tras oír de Tom Hanks, que su ex mujer le arrebataba su momento de gloria.

En una gala que buscaba más eficiencia que cinematografía, glamour y entertainment. Martin y Baldwin apenas actuaron como maestros de ceremonias de una gala que no se salió del guión. Se echaba en falta la teatralidad de Hugh Jackman o  la locura de Billy Cristal.  

La audiencia potencial de 40 millones de espectadores en todo el mundo, en más de 200 países, ayer se arremolinó en el sofá para ver la gran fiesta de los Oscar y terminó viendo un aburrido show. El año que viene, por favor, que le den la gala a alguien que sepa de ritmo televisivo. Perdidos ya habrá terminado. J. J. Abrams estará disponible

 

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