Primera edición de 'El guardián entre el centeno' (1951).
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No escribía una línea, al menos editorialmente, desde 1965. El genial escritor estadounidense Jerome David Salinger falleció ayer a los 91 años en su casa de New Hampshire envuelto en el mito que le envolvía desde que en la década de los años cincuenta publicara el clásico juvenil de literatura de iniciación El guardián entre el centeno.
Nunca ningún escritor había logrado ese aura de misterio ni tal notoriedad con solo un éxito notable, sin salir en los medios -rehuirlos e incluso agredirlos- y sin casi bibliografía.
Un one hit wonder que intentaba censurar las biografías sobre su persona y odiaba las reuniones literarias. La antítesis del autor. Sin embargo, su debut en 1951 con la historia del joven inadaptado Holden Caulfield en busca de su lugar bajo el sol le valió lo que algunos críticos han llamado la industria Salinger, un universo paralelo a su obra y vida que le encumbraron al altar de la literatura estadounidense.
Salinger tuvo una infancia judía y feliz en el Park Avenue neoyorquino de principios del siglo XX. Su historia no difiere de la de muchos de sus coetáneos: joven universitario formado embarcado hacia Europa tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial.
Estudió en la academia militar de Pensilvania, desde donde intentó publicar algún cuento. El TheNew Yorker le compró uno, que no editó hasta 1946. En la guerra, hizo labores de inteligencia con los británicos y desembarcó en Normandía.
Como en una novela de John Le Carré, el joven Salinger persiguió a miembros de la Gestapo y a colaboracionistas franceses. Una vida de película de la que no hacía gala, ni siquiera en la única entrevista que concedió en 1974 al New York Times.
La pérdida de la inocencia
La pérdida de la inocencia, el tránsito hacia la edad adulta o la heroicidad de la imperfección son temas centrales en una obra que ha querido mantener en las sombras. En la entrevista de 1974 afirmaba: "Vivo para escribir. Pero escribo para mí mismo y para mi propia satisfacción. No publicar me reporta una maravillosa sensación de paz. Publicar es una terrible invasión de mi privacidad".
Tal es así que dejó de hablar a su hija cuando ésta expresó su intención de publicar una biografía sobre él en la que supuestamente abordaba su misoginia, los malos tratos a su mujer o su adicción a la telebasura.
Huraño y deslenguado, el escritor se granjeó una fama desigual en su país natal: para unos era un maldito, que incitaba a perturbados como Mark Chapman, asesino de John Lennon, a cometer atrocidades; para otros, una lectura obligatoria en los institutos.
Tras El guardián entre el centeno, Salinger apenas sacó a la luz colecciones de relatos, como Nueve Historias o Franny y Zooey.





