Partiendo de una experiencia real, una tormenta de hielo que lo dejó sin electricidad, crea el canadiense Pierre Szalowski una cálida y conmovedora historia en su primera novela, "El frío modifica la trayectoria de los peces", que ya lleva vendidos más de 15.000 ejemplares, traducida a varios idiomas.
Szalowski, que antes de dedicarse a la escritura ha sido fotógrafo de prensa e incluso redactor jefe de una revista mensual de boxeo, ha viajado estos días por España para pronunciar varias conferencias en diferentes universidades y, en una entrevista con Efe, explica que este relato "lo hubiera escrito, aunque hubiera tenido que pagar por él".
Publicada por Grijalbo en castellano y Rosa dels Vents en catalán, se trata de una novela, cuyo hilo conductor es un niño de once años a quien sus padres anuncian su divorcio durante las Navidades de 1998.
El chaval se dirige al cielo para que le ayude a superar el trago y empieza en la ciudad de Québec un temporal de hielo, persistente e inacabable, que logrará unir durante varias jornadas a los miembros de su familia, pero también a una hermosa bailarina de "striptease", un matemático de origen ruso con una teoría por desarrollar, una pareja de homosexuales de mediana edad y a su amigo Álex y a su padre.
Szalowski, finalista del Prix de la Relève Archambault y del Grand prix Littéraire Archambault, comenta que cuando se instaló en Québec con su esposa, con la que lleva 23 años de convivencia, ella no quería establecerse allí.
"Pero -recuerda- hubo una tormenta y nos quedamos sin electricidad y acabamos en casa de unos vecinos, de los que nos hicimos amigos".
En esta historia sobre "una felicidad caída del cielo", el autor consigue hacer desaparecer la tristeza de las vidas de sus protagonistas, convirtiéndolas en "pura luz".
A juicio del narrador quebequés, la "voluntad del amor es lo que lo puede todo" y agrega que siempre está en relación con lo que acaba escogiendo cada persona, igual que la felicidad. Bromeando, asegura: "si no te gustan las matemáticas, lo mejor es que las estudies cuando ya no tengas obligación de hacerlo".
Sobre las relaciones humanas, que en su libro acaban siendo idílicas, mantiene que en algunos lugares del mundo, como en su país, "la gente se conoce, se compromete en seguida, pero a los dos días ya se quiere separar, sin hacerse ninguna pregunta".
"Estos vaivenes -opina- no deberían pagarlos los niños, aunque, evidentemente, soy favorable de las leyes que permiten que padres y madres separados puedan compartirlos".
Respecto al hecho de que no ha puesto nombre al niño que protagoniza su libro, Pierre Szalowski explica: "con cualquiera de los que le hubiera bautizado habría dado al crío unas connotaciones, y yo no quería que el lector sintiera pena por él o lo amara sólo por el nombre que yo le hubiera dado en la primera página".
Preguntado sobre si está previsto que esta historia continúe, el también guionista de cine reflexiona y mantiene que "el problema de una primera novela con éxito es que dificulta enfrentarse a un nuevo título, porque parece que con una ya lo has dado todo y te lo ha dado todo".
Sin embargo, advierte de que acabará escribiendo otros dos títulos sobre la felicidad, centrándose en el segundo de ellos en el papel que juegan los padres en la sociedad.




