El narrador José Jiménez Lozano, Premio Cervantes 2002, no cree que la literatura tenga la misión de denunciar nada, ni de abordar grandes temas sin riesgo de despeñarse en ámbitos como la filosofía o la sociología, sino la de alzar vidas con palabras porque "las revoluciones no son cosa de escritores".
Dentro de la literatura "no hay temas sino personajes e historias enmarcadas en la ventana del siglo XV o del XXI. No se trata tanto de denunciar nada como de ver qué le pasa a la gente, cómo llega a fin de mes", ha explicado hoy a Efe Jiménez Lozano, quien acaba de publicar el volumen de cuentos "El azul sobrante" (Encuentro).
Cuando Benito Pérez Galdós redactó la novela "Miau" (1888) "pensaba en escribir y no en hacer la revolución, que no es cosa de los escritores", ha insistido el narrador, ensayista y también poeta, quien acaba de publicar su noveno libro de cuentos, un género en el que se ha revelado como un consumado y reconocido maestro.
Una galería de personajes anónimos, aunque perfectamente reconocible como el cabo más endeble de la sociedad, puebla esta colección de historias en apariencia mínimas pero que, como toda la narrativa del autor de "El mudejarillo", dota de un trasfondo crítico contra la modernidad, los abusos de los poderes públicos y privados y la desaparición de una cultura fraguada durante siglos.
La inmigración precaria, los malos tratos en el ámbito doméstico, el terrorismo, la secularización y los dos grandes totalitarismos del siglo XX son algunos de los aspectos que el escritor vierte en esa gavilla de relatos, "unos más viejos y otros más nuevos", pero que todos "parten de algún modo de la realidad", ha apostillado.
Jiménez Lozano ha aclarado, no obstante, que no se trata de temas vertidos de una forma expresa, ya que si así fuera "estaríamos hablando de filosofía o de sociología".
"Espera uno que el lector vea vidas y se conmueva o se enfade como cuando nosotros mismos chocamos contra algo", ha precisado este escritor de quien acaba de traducirse al checo su libro de relatos "El ajuar de mamá" (2006) y que se inició en el cuento con "El santo de mayo" (1976).
Treinta y dos narraciones componen este nuevo libro que ha prologado Guadalupe Arbona -profesora de Literatura Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid- y cuyo autor desciende al corazón de los hombres y clama contra el humanitarismo exiliado a través de historias plagadas de símbolos que principalmente insinúa a través de objetos, libros y personajes históricos.
El esquema de esas ficciones responde a la singular estrategia de Jiménez Lozano de envolver al lector a través de planteamientos a priori simples, esquemáticos o sencillos, con el fin de atraerlo a su terreno antes de arrumbarlo con la carga dramática del argumento.
Es la misma táctica literaria básicamente desplegada en colecciones como "El grano de maíz rojo" (1988), "Los grandes relatos" (1991), "El cogedor de acianos" (1993), "Un dedo en los labios" (1996), "Cinco historias cortas" (2001) y "La piel de los tomates" (2007), en la mayoría de los cuales no da la sensación de cerrar los cuentos, tal vez para no quebrantar en exceso el ánima del lector.
"EL azul sobrante", que da título a este nuevo volumen, remite a uno de los colores preferidos por el autor y que se encuentra en casi toda su obra, como por ejemplo en la tela de los mercaderes de la novela "Sara de Ur" (1989), pero también en el añil de la ropa blanca, en los ojos zarcoz y en los zócalos de las casas de los pueblos que menudean en su imaginario literario.
Para primeros de año, José Jiménez Lozano alumbrará un nuevo tomo de sus diarios o colección de reflexiones suscitadas al hilo de la actualidad, con el título de "Los cuadernos de Rembrandt", que editará Pre-Textos.




