Francisco Casavella, desafiante en unas escaleras mecánicas.
ADN.es
Las portadas de los dos libros, ampliadas en las paredes del Centro Cultural del Círculo de Lectores de Madrid, ya ponían en la pista: el baile del hombre tiroteado por la cámara de Robert Longo y tres palabras que marcaron el tono del acto: Elevación, elegancia y entusiasmo.
Con ese título se presentó ayer la recopilación de la obra ensayística de Francisco Casavella, algo así como las cartas encima de la mesa para entender la forja de un novelista que siempre barajaba con brío el mazo, arriesgaba sin farol y repartía sólo las palabras que quería: cinismo no, brillo sí; condescendencia nunca, encanto siempre. "La sabiduría es poseer un magnífico sentido del humor, siempre bajo la atenta vigilancia de una lucidez nada presuntuosa", escribió en este tomo de un millar de páginas, editado por Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.
Aun año de su muerte prematura a los 45, con sus pasos de baile aún visibles en jardines pisados por pocos, el anuncio de esta recopilación de artículos dispuestos en bloques temáticos, contextos escritos entre 1984 y 2008 en revistas como Cairo y en diarios como El País, coincide con la reedición revisada de -y la filmación de una película sobre- El día del Watusi, su monumental crónica de la transición "de un país dramático a un país imbécil" -el autor, cabe señalar, creció en Barcelona y ése fue el escenario de sus personajes, artistas sin un arte-. También ayer se anunció la creación del Premio de Novela Francisco Casavella, auspiciado por el sello que editó la novela que le valió el Premio Nadal de 2008, Lo que sé de los vampiros (Destino).
Misterio y baile
Con un índice onomástico que es una obra en sí mismo -por la A, Achilipú; Acebes, Octavio; Adorno; Afrika Bambata; Apollinaire-, Elevación muestra, según Jordi Costa, su prologuista, "un sentido épico del trabajo, una generosidad para explicar cómo un botones de banco llegó a escribir algunas de las obras más importantes de nuestra literatura reciente".
Casavella apunta cómo "sin la pausa orquestal de los JB's en el It's a Man's Man's World en el directo de 1970, nunca hubiera entendido del mismo modo cierto punto y coma de Stendhal en Rojo y negro cuando ese punto y coma supone una noche de amor". Una pasión por las relaciones promiscuas entre disciplinas que compartió ayer el filósofo José Luis Pardo. Amante también de los equivalentes culturales a esas cordilleras subacuáticas que permiten a un estado explotar recursos lejanos, admitió que compartía con el homenajeado, entre otras cosas, su amor por la canción Azzurro o el misterio de cómo un vanguardista como Coltrane se devanó los sesos para entender My favourite things, de Julie Andrews. Un apunte: a Casavella le gustaba el Aserejé; después de leer el artículo que le dedica, al lector no le queda otra que bailarlo.
HALAGOS
Jordi Costa (Autor y crítico de cine): Fue un lúcido/dionisíaco que nunca perdió el placer a pesar de tener una de esas miradas incisivas que pueden hacer de otro cualquiera un cínico"
Enlaces recomendados
Kiko Amat (Novelista): Fue nuestro mejor narrador moderno, el más conectado con la calle, el único que podía darles un baño intelectual a los jerifaltes de la cultura. Y mi héroe"
Juan Marsé(Escritor): Hay que leer a Casavella"
LOS LIBROS
'El día del Watusi'
Francisco Casavella
Destino
'Elevación, elegancia y entusiasmo'
Francisco Casavella
Galaxia Gutenberg





