Peret, el Rey de la rumba.
Jordi Soteras
A la rumba siempre le ha pasado lo que a Blanco Herrera, aquel amigo de Peret que cobró su salario y salió a malgastarlo durante una semana de borrachera y lo dieron por desaparecido hasta que volvió a presentarse en su casa. Como el protagonista de la canción El muerto vivo, según su rey, la rumba nunca ha muerto y siempre ha estado de parranda. Ahora, este género único y totalmente autóctono -del Ebro al Mediterráneo- ha cobrado nuevo brío gracias a la labor de sus patriarcas, pero también de payos como Txarly Brown -y sus recopilatorios sobre clásicos y nuevos rumberos-. En boca de todos, Peret vuelve a encender el ventilador y edita De los cobardes nunca se ha escrito nada (Universal).
Su nuevo disco es un 'collage' de todo aquello que a usted le gusta.
Yo ahora estoy tranquilo, mirando las montañas desde mi casa de Mataró y me van viniendo los recuerdos y las canciones. A veces una canción la tengo escondida durante 30 años. Entonces reaparece.
Ahora vive alejado de la ciudad donde se fermentó la rumba catalana. Especialmente de la calle de la Cera, vía de rumberos, y del barrio Chino que ahora es el Raval. ¿Qué echa en falta?
Un periodista escribió que fue a buscar la calle de Peret [por la de la Cera], pero no la encontró. Ya no queda nada de aquel sonido y ambiente.
Un novelista y cronista de ese barrio decía que en realidad es lo mismo ahora que antes. Sólo que ahora se nota más porque son de otros colores y antes eran gallegos y andaluces...
Sí, pero a mi barrio ahora le falta la gente. No puede existir un barrio si siempre cambian los vecinos, los comercios hacen lo que quieren y no hay sentimiento de comunidad...
La mezcla de nacionalidades existe, ¿por qué cree que el mestizaje en la música lo hace más la gente de aquí que los que llegan interactuando con lo que se encuentran?
Ya lo harán. No se puede poner una fecha a eso. La música es mezcla. Si siguen conviviendo, pues acabarán relacionándose con la música.
Ya lo harán. No se puede poner una fecha a eso. La música es mezcla. Si siguen conviviendo, pues acabarán relacionándose con la música. La rumba nació así, espontáneamente, pero desapareció durante mucho tiempo. ¿Cómo vivió su reaparición en las Olimpiadas como signo definidor y sonido característico de la ciudad?
A ver, la rumba siempre ha estado aquí, siempre. Cuando decían que no le hacían caso a la rumba, triunfaba el Corazón partío, que era ni más ni menos que una rumba. Lo mismo con aquella canción de Mecano.
Pero no se les hacía caso a los creadores de la rumba: al Chacho, a Ramonet, sobre todo a usted...
No, creador hay solo uno, ¿eh?
Sí, claro, me refería a la primera generación...
Cuando yo me fui de La voz de su amo, los del sello vinieron a la calle de la Cera a buscar a alguien que les cantara rumba... y contrataron al Chacho.
¿Pero por qué cree que no se les valoraba?
No sé, es un cúmulo de cosas. Se tomaba como algo fiestero y lo era. Pero ahora se ha visto lo especial que fue y es.
También pudo tener que ver el éxito de los Gipsy Kings. Cuando usted cantó "Yo soy la rumba", ¿les enviaba un mensaje? ¿Les fastidió que se llevaran la fama otros?
No, hombre, no saben hablar, pero yo me alegré por ellos. Tienen ese porte necesario.
Quiere hacer una escuela para que no se olvide la rumba...
Sí, pero sólo para enseñar los cuatro acordes y los ritmos. La rumba se hace sin estudios porque nace de la calle. Ni Lola Flores ni el Pesca tenían una carrera ni la necesitaban. Sólo es enseñar cuatro cosas. El resto lo tiene que hacer la alegría.





