Los Príncipes de Asturias conversan con la viuda de Ayala, tras visitar la capilla ardiente del escritor.
EFE Madrid
Francisco Ayala, "un hombre universal" y "escritor imprescindible", fallecido ayer a los 103 años, ha recibido hoy una emocionada y ejemplar despedida, a la altura de la grandeza, pero también de la discreción, que caracterizó toda su vida.
El Rey y los Príncipes de Asturias quisieron dar testimonio, con su presencia en la capilla ardiente del escritor, del pesar de la Casa Real por la muerte del último superviviente de la Generación del 27, en una despedida que contó también con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y con los vicepresidentes, María Teresa Fernández de la Vega, Manuel Chaves y Elena Salgado.
La viuda del escritor, la hispanista Carolyn Richmond, llegaba al tanatorio Parque San Isidro de Madrid a las 08.45 horas, un cuarto de hora antes de que quedase abierta la capilla ardiente, acompañada por el poeta granadino Luis García Montero, amigo de la familia y comisario de los actos del centenario de Ayala; por el director gerente de la Fundación, Rafael Juárez, y por Fátima, que ha cuidado del novelista en los últimos años.
Presencia real
Entre quienes quisieron dar el último adiós al anciano escritor se encontraban además la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, la ex ministra Carmen Alborch y el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, entre otros muchos.
Carolyn Richmond, de riguroso luto y muy emocionada, recibió a las puertas del tanatorio al presidente del Gobierno, los Príncipes de Asturias y el Rey, quien se mostró muy afectuoso con ella y la tomó de la mano para entrar al interior del recinto, en el que permaneció por espacio de un cuarto de hora.
Fátima acompañó también en todo momento a la hispanista estadounidense en la recepción de las personalidades, que la saludaron como a un miembro más de la familia. Por algo, esta mujer de nacionalidad marroquí llevaba más de seis años colaborando con el matrimonio y estuvo junto al escritor hasta el último momento.
Fue a Fátima a quien el autor de Recuerdos y olvidosle pidió ayer que le quitara la mascarilla de oxígeno y le dijo que se moría. Cinco minutos después expiró junto a su cuidadora y junto a Carolyn.


