La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España ha concedido el Goya de Honor al anarquista por excelencia del cine patrio, Jesús Franco, o tío Jess para amigos y admiradores.
"No comparto esta distinción, que no comparto porque no creo que merezca nada. Soy un enamorado del cine, pero nunca he pensado que fuera digno de recibir un homenaje ni un Goya, pero puesto que me lo habéis ofrecido lo acepto encantado", ha asegurado Franco al recibir el premio.
En el currículum de este director (pero también guionista, actor, productor y músico) nacido en Madrid en 1936 figuran más de 200 películas, para las que siempre renunció a ayudas estatales, tanto en los oscuros tiempos del franquismo como en la llegada de la democracia, aunque eso le haya llevado en muchas ocasiones a autofinanciarse sus propias películas.
El cineasta que detestaba los pajarillos
La obra de Jess Franco cuenta con enfervorizados fans, pero también con una legión detractores, que le consideran una suerte de Ed Wood español. A él nunca le preocupado lo que pensaran los demás de su obra. Sólo aspira a seguir rodando hasta que el cuerpo aguante películas de género, aquellas que le engancharon al cine de joven en la Cinemateca parisina.
"La gente que ama el cine disfruta más de El doctor Mabuse o El Hundimiento de la casa Usher (Roger Corman, 1960) que de esas películas de compañeros y pajarillos que hacen los intelectualoides. El cine de género lo denostan precisamente aquellos que no saben hacerlo. El cine es para todos, para el gran público. Para los chavales que se gastan su pelas para ir al cine. Lo demás son zarandajas", aseguraba para ADN.es hace meses, en una entrevista en la que se lamentaba de que "el cine español está en uno de sus peores momentos".
Jess Franco nos confesó entonces, al hilo de su colaboración con Pedro Temboury en Ellos robaron la picha de Hitler, que nunca se considerado un maestro de nada ni de nadie, aunque lo cierto es que su carrera está gozando en los últimos años del reconocimiento institucional y de la industria que casi siempre se le negó. El Festival de Sitges reconoció su figura el año pasado, aunque lo que de verdad le hizo ilusión fue el homenaje que le hizo este verano la Cinemateca Fancesa. El ciclo Jess Franco: Fragments d´une filmographie imposible programó 67 de las más de 200 películas que ha rodado hasta la fecha.
"Es una alegría y un enorme honor. Nunca esperé ningún reconocimiento de mi carrera. Nadie me ha dado nada, sólo con mi primer mediometraje sobre Pío Baroja (1959) me dieron muchos premios aquí y fuera de España", ha confesado a propósito del Goya de Honor. "Estoy encantado y como nunca me he creído merecedor de nada, me parece un regalo precioso". Este galardón se entregará durante la Gala de los XXIII Premios Goya que tendrá lugar el 1 de febrero de 2009.
Las edades del tío Jess
Franco fue músico de jazz, actor de teatro y escritor antes de dedicarse por completo al cine. Debutó con Tenemos 18 años, aunque alcanzó notoriedad con uno de los clásicos del cine de terror español, Gritos en la noche, que rodó en 1961, y en la que aparece por primera vez uno de sus personajes fetiche, el temible doctor Orloff. Rodó diversos policíacos y llegó a dirigir la segundad unidad de Campanadas a medianoche, de Orson Welles, pero de su primera época se recuerdan con cariño títulos de género como Miss Muerte o La mano de un hombre muerto.
Sus encontronazos con el franquismo le llevaron a una suerte de exilio voluntario por diversos países como Francia y Suiza. La primera película que rodó íntegramente fuera de España fue Necronomicón, un experimento narrativo sin lógica cinematográfica y apenas guión que el mismo Fritz Lang adoraba.
A partir de entonces, Franco dejó de tomarse en serio la narrativa convencional y las normas, especializándose tanto en bizarras producciones de terror como eróticas. Su cine se ha radicalizado cuando encontraba más detractores. El desprecio de parte de crítica y público en los años de los cines de arte y ensayo en los 70 le llevó a rodar hasta siete películas al año, en ocasiones bajo el sello de su productora, Manacoa Films. El cineasta empleó un sinfín de nombres falsos para firmar sus películas, que en ocasiones sacaba de artistas míticos de jazz. David Khunne, John O´Hara o Pablo villa son algunos de los más recordados.
Franco no tiene ninguna intención de jubilarse. Su última obra hasta la fecha es La cripta de las mujeres malditas, un experimento narrativo de más de 150 minutos en la que cuenta la historia de un grupo de mujeres que se encuentra en un cementerio, condenadas por una maldición centenaria.

