La casa de la pradera fue un éxito familiar tanto para su autora, Laura Ingalls, como para la cadena NBC, que la convirtió en una serie millonaria y, sobre todo, para su protagonista Michel Landon, cuyo personaje fue nombrado el cuarto mejor padre de todos los tiempos.
Entrados en el siglo XXI, en la era de Los Soprano, Dexter y CSI, es probable que la vida de una familia numerosa en la frontera occidental norteamericana a finales del XIX no sea plato del gusto de todos. Lo que nadie esperaba, sin embargo, es que acabara clasificada con las cintas más violentas y sexualmente explícitas de nuestra generación. Pero ha ocurrido, en Finlandia, aunque no porque los guiones de la serie escondieran información subliminal, sino por un agravio burocrático.
Según la directora de marketing de Universal Pictures en Finlancia, Meri Suomela, la compañía decidió saltarse la inspección estatal para ahorrarse unos durillos. Al parecer, las autoridades finlandesas cobran 2 euros por minuto del visionado para clasificar y etiquetar el material cinematográfico antes de salir al mercado y castiga a los distribuidores que se saltan el trámite con la prohibición expresa de vender el material a menores.
En este caso, el éxito de la serie, de la que llegaron a emitirse nueve temporadas entre 1974 y 1983, se había vuelto en contra de Universal.
El éxito se paga
"Con las series largas -explicó Matti Paloheimo, director del comité finlandés para la clasificación de películas- el precio puede ser elevado, y muchos usan esa excusa para poner a la ley de su parte". En cualquier caso, afirma Paloheimo, ningún material sin clasificar debe caer en manos de menores.
La Casa de la pradera goza de gran popularidad en Finlandia y se sigue emitiendo semanalmente en la cadena pública YLE.

