Todavía no se ha olvidado el proceso de Zugarramurdi. Han pasado cuatrocientos años desde que una decena de brujas fueron llevadas a la hoguera y casi 6.000 fueron acusadas de artes malignas y los viejos de la zona todavía bajan la voz para hablar de leyendas y ritos diabólicos.
El Archivo Histórico Provincial de Álava (Vitoria) ha decidido sacar a la luz toda la documentación sobre este suceso en una exposición que tanto muestra un hechizo para convertirse en invisible como reproduce al detalle un Tribunal de la Inquisición. Legajos de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX nos ayudan a comprender el fenómeno de la caza de brujas y, lo que las palabras no pueden expresar, se muestra con objetos.
Enlaces recomendados
Pero, ¿qué paso en Zugarramurdi? "En aquella época nada ocurría por azar. O era un regalo de Dios o una maldición del demonio", explica el director del Archivo Histórico Provincial de Álava, José Antonio Sainz. Por eso, las brujas se convirtieron en un chivo expiatorio para acusarles de todos los problemas que sucedían.
En concreto en esta zona navarra se unían gentes "fanáticas e ignorantes" con problemas de lindes y tierras. La combinación de ellos sirvió de excusa perfecta para perseguir a cualquiera al que se le pudiese echar la culpa.
Pero nada de imaginamos a unas acusadas que dedicaban su tiempo a invocar demonios y a realizar orgías nocturnas y que odiaban al resto de la sociedad. La realidad era muy distinta.
"Normalmente eran herbolarias, que vivían aparte...", desmitifica Sainz, que considera que los supuestos aquelarres no debían ser más fiestas tal vez asociadas a ritos paganos y en los que no había ni machos cabríos ni orgías multitudinarias. Sin embargo, ante las acusaciones y el entorno "al final ellas mismas se llegaban a creer brujas".
Locura colectiva
Aún así, 6.000 personas fueron investigadas por brujería y once mujeres murieron en la hoguera. "Fue una locura colectiva" y la cosa habría ido a más sino hubiese hecho acto de presencia el inquisidor Alonso Salazar y Frías. "Era un abogado que había estudiado en Salamanca, un hombre racional. Su investigación fue muy adelantada para su época y ha pasado a la historia como el abogado de las brujas".
Y es que, en un tiempo en el que para condenar sólo hacía falta que hubiese una acusación de por medio, él se empecinó en buscar pruebas y acabó dictando el Edicto del Silencio. En este texto se concluye que "nunca hubo brujas hasta que se empezó a hablar de ellas" y, a partir de entonces, los cuchicheos y las acusaciones estuvieron casi más perseguidas que la propia brujería.
Dos siglos después, las historias de brujas no habían acabado. Sin embargo, las tornas habían cambiado y la situación era muy diferente. Así lo refleja un documento del siglo XVIII, en el que se plantea una acusación de brujería pero aquí la procesada es la acusadora, a la que se le juzga por injurias.
La exposición ¡Brujas! Los archivos de la Inquisición y Zugarramurdi reune documentos del Archivo Histórico de Álava y del Archivo Histórico Nacional, que guarda en sus fondos todos los testimonios escritos de la Inquisición. Además, la exposición se complementa con vestimentas, instrumentos de tortura y otros objetos que nos trasladan cinco siglos en el tiempo y hasta una proyección en la que ancianos de la zona cuentan leyendas de brujas.
Sin embargo, como asegura el director del Archivo, la intención de la muestra va más allá de la anécdota, de las supersticiones o de historias diabólicas y pretende hacernos pensar sobre un tiempo en el que la sociedad fue capaz de perseguir, atormentar y matar a decenas de personas sin ningún motivo.




