Portada del libro que editaron los padres de la animadora Mia Calcagni. Después del juicio al que se enfrentaron por difamación, la obra fue retirada de BookSurge, a pesar de que se retiraron los cargos contra el servicio de libros de impresión bajo-demanda.
BookSurge | JacketFlap
El problema legal de los libros editados bajo demanda viene de la confusión entre dos términos que son dos oficios y dos responsabilidades diferentes: imprimir y publicar son dos cosas distintas.
Imprimir es "marcar en el papel o en otra materia las letras y otros caracteres gráficos mediante procedimientos adecuados", mientras que publicar es "difundir por medio de la imprenta o de otro procedimiento cualquiera un escrito". Las nuevas empresas que ofrecen su servicio online de impresión de libros bajo demanda encajan más con el proceso evolutivo de las imprentas que con el de las editoriales.
Las editoriales son responsables ante la ley de aquello que publican, pero las imprentas no. Por ello, empresas como Lulu.com (con un servicio para España), BookSurge (propiedad de Amazon), Self Publishing o AuthorHouse rechazan toda responsabilidad editorial sobre los libros que mandan a la imprenta, ya que no los revisan ni los editan, como haría una casa editorial.
Estas empresas no son las nuevas editoriales, sino las nuevas imprentas. Según la Ley de la lectura, del libro y de las bibliotecas de 2007 (PDF), en España un editor es la "persona natural o jurídica que, por cuenta propia, elige o concibe obras (...) con la finalidad de su publicación y difusión o comunicación". Estos nuevos servicios de autopublicación no eligen ni conciben obras, no son sujetos creativos. A pesar de ello, Lulu se muestra muy preocupado por la posible violación de la propiedad intelectual y pide a sus usuarios que posean "los derechos de autor y de copyright de cualquier material" que publiquen en su web. "Debido a esto -avisan-, no podemos permitir que los autores publiquen fan fiction o cualquier otra historia basada en el trabajo de otro creador a no ser que tengan específicamente los derechos de ese trabajo. Lulu, en circunstancias apropiadas y bajo su discreción, deshabilitará y/o cerrará las cuentas de los usuarios que puedan estar infringiendo los derechos de propiedad intelectual de otros".
Hablar por hablar
Pero existe otro derecho que inquieta en Estados Unidos, y es el de la intimidad. Muchas personas están usando este servicio para revelar historias reales que no podrían contar de otra manera (salvo quizás un talk show de televisión o un Hablar por hablar en la radio), como la historia que se esconde tras un divorcio, biografías ocultas, despechos y esa perversión de los sentimientos, bañados en inquina, que es la difamación.
Un reciente caso en Estados Unidos ha salpicado al servicio BookSurge. En un instituto, dos animadoras se pelean por un chico. Una insulta a la otra y pinta con spray una esvástica en la casa de la otra, por lo que es condenada. Pero los padres de la acusada deciden contar su versión de la historia en un libro, titulado Help us get Mia. Se lo encargan a un escritor para que lo redacte, lo mandan a BookSurge e imprimen varios cientos de copias. Esto ocurrió en el año 2006. En 2007 los padres de la animadora ultrajada demandan a la parte contraria por difamación. La parte contraria incluye, para ellos, no sólo a los padres y a los autores del libro, sino también a BookSurge.
Los padres de la animadora demandante consideraron a BookSurge como un editor, no como una imprenta.
Y el juez no les dio la razón. Consideró este servicio online como "una compañía independiente que transforma documentos PDF en libros sin ejercer ningún control editorial" y, por ello, consieró que "no tiene el deber de inspeccionar el trabajo" ni de chequear si está produciendo o no una difamación.
Este precedente ampara y protege esta vía de publicación de responsabilidades legales derivadas de violaciones de la ley (propiedad intelectual, difamación, intromisión en el honor, derechos de imagen, apologías) que ahora recaen únicamente en el autor del texto.


