Sus satánicas majestades fueron no solamente introducidos al perfume de Crowley a través de su amistad con los Beatles, sino que uno de sus más reputados seguidores, el cineasta Kenneth Anger, mantuvo un contacto permanente con la banda, incluso Mick Jagger estuvo a punto de interpretar a Lucifer en la película de Anger, Invocation of my demon brother (1969), papel que finalmente recayó en Anton Lavey, creador de la Iglesia de Satán y heredero natural de Crowley. Las proclamas de los Rolling Stones a favor de las drogas, el sexo y la espiritualidad oriental, entre la que quizá se encuentre el esnifar las cenizas de tu padre recién fallecido, amen de una rebeldía visceral hacia toda imposición social que no venga de uno mismo, no les hace muy diferentes a otros grupos de la época. Pero son los únicos que con setenta tacos siguen incendiando un escenario, tan enérgicos como siempre... ¿Cómo no pensar en un pacto con el diablo?
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