Bobby Gillespie entregado al pop venenoso de los últimos Primal Scream.
EFE Paredes de Coura (Portugal)
En cualquier otro momento del año los visitantes llegan a Paredes de Coura -un pueblo al norte de Portugal con cuatro casas, un río, dos gasolineras y un centro cultural- con el ánimo de disfrutar de la naturaleza salvaje, sobre todo la de sus insectos y la de sus hoscos parroquianos. Pero durante el primer fin de semana de agosto el ecosistema se corrompe y el entorno de la playa fluvial del Tabuão sufre otro salvajismo, el del rock'n'roll.
Así dicho suena a leyenda, pero es que la asistencia a un festival tiene siempre algo de mítico, y por supuesto, heroico.
Se trata de un festival modesto en producción y número de asistentes pero que, en cambio, luce generosos carteles que combinan grandes estrellas del indie con pequeños asteroides a punto de explotar. Los programadores del cartel son gente de buen gusto y olfato de sabueso.
Un escenario enclavado entre frondosos montes ha merecido la visita, en otras ocasiones, de ídolos como Morrissey, Sonic Youth o Bauhaus. Este año Sex Pistols, Primal Scream, Editors o Mars Volta son los reyes de la selva.
Los asistentes hablan, mayoritariamente, portugués, y luego gallego. De entre los españoles, muchos hay que han elegido esta opción como complemento a Benicàssim y así poder ver alguna gran baza de Summercase, como Sex Pistols o Primal Scream.
Los que vinieron buscando punk se equivocaron de lleno al pagar su entrada para ver lo que queda del grupo de Johnny Rotten. Los Sex Pistols y el punk se parecen tanto como la Torre Eiffel y un souvenir en miniatura de la Torre Eiffel, recuerdo de aquellas maravillosas vacaciones que pasamos en 1977. Pero es necesario verlos, para que aquellos que no nacieron a tiempo para vivirlo en su momento puedan decir que hubo un día en el que vieron a los Sex Pistols. Se trata de un grupo de rock'n'roll formado por señores que se divierten mucho tocando y con una idea muy rígida de lo que es el respeto: "Este es mi terreno -marca con una línea dónde comienza el escenario Johnny Rotten- y aquel es el vuestro. Si queréis que cante God save the queen, no puedo hacerlo con un idiota corriendo por aquí", dijo en respuesta al primero que se atrevió a saltar el foso para alcanzar al grupo.
El guardaespaldas más peculiar jamás visto en una tarima cruzó corriendo de un lado a otro para bloquear al intruso, a pesar de despeinar su corte de pelo a lo raver de La Cubierta de Leganés y dejar escapar su ajustada camisa blanca por fuera de la goma del pantalón de chándal.
Más allá del punk
Musicalmente se dice que después del punk llega el post-punk; el perogrullo es una ley universal que en la musicología funciona a la perfección. La segunda noche de Paredes de Coura, el 1 de agosto, trajo algunos nombres favoritos de aquellos que se dicen fans del after-punk más gentil. Que no es punk en absoluto, pero gusta de conservar cierta agresividad en las guitarras que ayuda a no olvidar que Joy Division crearon una escuela indeleble. Y nos preguntamos si, quizá, un tanto nociva, a juzgar por la cantidad de camisetas del grupo que se ven por ahí ya tanto como las del Bershka y por la presencia de un grupo en el cartel del domingo 3 de agosto, titulado secamente Tributo a Joy Division. Una entelequia formada, entre otros, por Nuno Gonçalves de The Gift.
Más allá del punk y, por ello, más punks, fueron Primal Scream, que estuvieron impecables. Arrancaron con su single de adelanto -Can't go back- de su nuevo disco -Beautiful future- que pilló de improviso a los que aún no la conocen y de mosqueo a los que ya la adoran, pues no sonó el coro ululante que le da carisma a la canción. Bobby Gillespie, uno de los cinco mejores frontmen vivos de la historia de la música, bailó y cantó marcando un estilo que otros muchos quisieran -y no pueden- para sí.
Antes de los mancunianos fueron Editors los que se llevaron de calle a la audiencia, con un estupendo concierto, de esos ejecutados con ganas, a lo bruto, para conquistar sí o sí. En foros como estos, donde el público es, de entrada, neutral, y cada concierto es una conquista -o, en términos industriales, una apertura de mercado- cada espectáculo es una batalla que dar y ganar. Así lo entendieron también The Rakes o The Sounds quienes, con diferente fortuna que Editors, pretendieron pero no llegaron.
Los italianos Spiritual Front sufrieron una vicisitud similar. La gran gema oculta del cartel de este año se enfrentó a la luz del día, al desconocimiento de la audiencia -salvo tres fans que corearon canciones como Slave- y al sesgo rockanrollero de la noche del sábado. No es que ellos no lo sean -rock'n'roll- a pesar de que Simone Salvatori se presentó diciendo que se dedicaban al death metal pero es que sus trepidantes pianos y guitarreos acústicos, tremendamente líricos, religiosos y sexuales, que ellos dan en llamar pop nihilista, necesitan de la complicidad del público.
Paredes de Coura es un festival de extremos. Hace mucho calor de día y mucho frío de noche, el grupo que es muy bueno a las diez de la noche rápidamente puede borrar el recuerdo de aquel que fue muy malo a las siete de la tarde. El barro y el mal olor de los urinarios de la zona de acampada se olvida tras dejar vagar la vista durante la hora de la siesta en los márgenes del río, observando o participando de la improvisada competición internacional de saltos de natación o aprendiendo a decir "obrigado", que es lo primero que hay que saber decir al asistir a un festival realizado con modestia, empeño y cariño, de esos que van quedando pocos.





