Te sabes la secuencia de memoria, pero nunca la has visto de esta manera: Christopher Lee/Dracula, precedido del enorme mostacho que adornaba su rostro en los 70, abre las puertas de su transilvana morada a un atontado Jonathan Harker. Los equivocados títulos de crédito nos aseguran que se trata de una producción de Hammer Films, pero es una película de Jess Franco. Sin embargo, las imágenes originales han sido manipuladas, y se acercan más al territorio angustioso de Vampiro de Dreyer o expresionista del Nosferatu de Murnau.

Christopher Lee quitándose el disfraz de vampiro.
Films 59
El experimento, bautizado como Vampir-cuadecuc, nació como un intento de reflexionar sobre el lenguaje cinematográfico. "Le propuse que me dejara presentarme con un equipo reducido para hacer un trabajo sobre el vampirismo. La idea era que mi película vampirizara a la suya. Cuando él rodaba, yo también lo hacía. Me colocaba fuera de campo, en una posición en la que los focos reventaban química y físicamente la película, que por otra parte era lo que yo deseaba", recuerda Portabella.
El vampiro reflejado
Vampir-cuadecuc se rodó en 16 milímetros y con una acentuada fotografía en blanco y negro, sin tonalidad de grises. La banda de sonido original de El Conde Drácula se eliminó por completo, incluyendo los diálogos, sustituyéndose por melifluas melodías y efectos disonantes a cargo del compositor Carles Santos.
Portabella también filmó durante los descansos y ensayos del rodaje, para pervertir los mecanismos de la representación cinematográfica y diluir la frontera entre realidad y celuloide. Las imágenes del film de Franco se alternan con planos de la malograda actriz Soledad Miranda guiñando un ojo a la cámara, Christopher Lee desmaquillándose con parsimonia, murciélagos de pega deslizándose sobre muy visibles hilos invisibles y ventiladores que esparcen paja sobre el ataud de los no muertos.
Inventando sin querer el making-of
Se dice que Vampir-Cuadecuc es un claro precedente del género del making of, algo en lo que Portabella está de acuerdo, aunque con matices. "Hace unos tres años, el Festival de cine de Buenos Aires hizo una retrospectiva en la que se pasaron mis películas. Un crítico aseguró que Vampir-Cuadecuc se había realizado a modo de making-of en una época en la que todavía no se hablaba del término. Técnicamente hablando sí lo es, con un pequeño equipo de rodaje que hace un seguimiento de una película, aunque yo en este caso hice otra película distinta, mi propia película", reconoce Portabella.

Christopher Lee, leyendo a Bram Stoker.
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Casi 40 después, Portabella no tiene que enfrentarse a la censura, aunque su cine, enemigo de los convencionalismos y de lo políticamente incorrecto, sigue teniendo problemas para llegar al gran público. "Es muy difícil que en la autopista del consumo de cine, que parte de grandes corporaciones y va a los cines controlados por distribuidoras y grandes productoras, pueda entrar otro cine que no sea el que exige la demanda de mercado. A cineastas como Godard o yo mismo no nos han dejado pasar por la autopista, sino por las vías alternativas".




