La mujer de Ballard murió de una fulminante pulmonía y el escritor, tocado del todo en su pesimismo vital, se dedicó a la tarea de ser un buen padre (siempre criticó que le faltó cariño en su infancia) y cuidar a sus hijos. Sin embargo, mientras se ocupaba de ellos fue sacando tiempo para escribir las descarnadas novelas La exhibición de las atrocidades o Crash saliendo a la luz el Ballard más gore.
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