Mucho antes de que los primeros visionarios del cambio climático comenzasen a lanzar sus avisos, JG Ballard se imaginó un mundo sometido a los extremos de la naturaleza. En El mundo sumergido (1962) presentó las apocalípticas consecuencias del deshielo de los casquetes polares y, dos años después, publicó La sequía, donde la escasez de agua agotaba al ser humano. Sami Sarkis, autor de la fotografía de la izquierda, no ha olvidado este relato.
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