¿Le gustan a los lectores de ADN.es las películas de George A. Romero? En caso afirmativo adorarán venir a Benicàssim. El cansancio hace mella en los fibers y muchos caminan con los hombros caídos y la mandíbula desencajada. Sólo hay que eludir los mordiscos, y todo lo demás irá bien.
El sábado fue un día que, sobre plano, prometía poco, pero sobre hierba fue aún peor. Sólo el concierto de The Raconteurs salvó la papeleta, en lo que a grandes nombres se refiere.
Heavy Trash, el último hogar de Jon Spencer (el de la Blues Explosion) empezaró tarde y probablemente sin probar sonido. ¿Importó eso? Naaah. En un par de canciones el rock'n'roll sonaba tan agreste y desaforado como ellos pretendían. Demasiado formal, no obstante, para lo que se espera de él y cerraron con un tema pantanoso como sólo el rey de la ciénaga, Nick Cave, sabe hacerlo. Mereció la espera.
No era un mal día para los amantes del folk, pero todos los demás sufrimos grandes dosis de aburrimiento y desilusión. Así ocurrió durante el concierto de un Tricky desaborío, más cercano a Morcheeba que a Massive Attack (y sí, eso es un insulto).
Tampoco la actitud de Alison y Jamie de The Kills supo estar a la altura de lo que exige el Escenario Verde. Se les quedaba grande.
Pero a los Raconteurs se les quedaba, en cambio, pequeño. El rock'n'roll corría por las venas de estos muchachos con mucha más fuerza que por el resto de sistemas sanguíneos de los hemos visto lucir el sábado.
Silencio, se baila

ADN.es
Aunque una de las experiencias más curiosas del FIB Heineken tiene lugar en la Silent Disco. Una pequeña carpa a la que hay que acceder con auriculares inalámbricos, provistos de dos canales. Cada uno de ellos transmite la señal de un dj diferente. Ambos están sobre la tarima, cocinando sus propios platos. El público manda. Si una canción no gusta, la palanquita que selecciona la señal rápidamente se cambia hacia el otro. Lo que se planteó como dos opciones se convierte, sobre la arena, en una batalla de dj's.
El residente del tinglado, NO dj, se batió anoche contra los Líneas Albiés Dj's que jugaban con la deventaja de transmitir por el canal 2, que sonaba más bajo. Pero si el hit de los albiesos era más efectivo, NO dj se quedaba rápidamente sin orejas, a pesar de sus arengas a través del micro, mezcla de encantador locutor de radio y animador de feria.
Silencio es también lo que se busca en las viejas cabinas telefónicas que, a modo de instalación realizada por Cecilia Martín, proporcionan unos minutos de aislamiento.
En un festival atronador, un momento silencioso es, quizá, el gran lujo.




