El cuarteto islandés Sigur Rós se ha transformado esta noche en una gran orquesta cósmica, la que ha puesto al Festival Internacional de Benicàssim en gravedad cero con una ejecución apabullante, una escenografía cinematográfica y un viaje atmosférico del Ártico al Oeste con acordes magistrales.
Sigur Rós, los españoles Facto Delafé y los norteamericanos Nada Surf han reinado, cada uno a su manera, ante una marea de fibers que ha desbordado las previsiones más optimistas, especialmente ante las dudas generadas por la menor venta de abonos respecto a otras ediciones y la enorme competencia de festivales veraniegos.
Un año más, parece que más allá de incertidumbres macroeconómicas y guerras abiertas entre empresas promotoras, el atractivo del FIB sobrepasa fronteras -y mares, dada la cada vez más ingente parroquia británica- y es ya un fenómeno sociocultural, una gran fiesta veraniega donde ya no prevalecen los cabezas de cartel sino las posibilidades lúdico-festivas del esparcimiento colectivo.
Unos fibers comentaban a los veinte minutos del concierto de Sigur Rós: "Estos están fatal". Otros, tras generosa hora y media de espectáculo, bailaban sin ritmo alguno ante los sones hiperbólicos de una gran sinfonía del ruido rock, con viento, cuerdas y percusión disfrazados con vestuarios cinematográficos y ante grandes esferas blancas como planetas.
En el concierto se han podido contemplar retazos de La naranja mecánica y El quinto elemento, pasando por Los vengadores y hasta El ataque de los clones a través de una banda formada hace 14 años en la misma isla que vio nacer a Bjork y que en este FIB ha dejado en la retina uno de los más exagerados conciertos que se recuerdan.
Sigur Rós, con Jon Thor Birgisson al frente -y vestido con una casaca coronada con plumas de faisán que le envidiaría Billy Corgan, de Smashing Pumpkins-, ha ofrecido esta noche en el FIB once piezas de su rock atmosférico, apocalíptico en ocasiones, de discos como su aclamado Agaetis byrjun, Takk... y, el último, Med sud I eyrum vid spilum endalaust.
Un lenguaje inventado -el hopelandish-, la épica de la mitología nórdica y el confeti de una gran fiesta veraniega se han unido esta noche con ecos marinos, árticos, fronterizos o balcánicos y voces celestiales, llevado todo ello a sus últimas consecuencias. El FIB 2008 necesitaba el toque "friki" y Sigur Rós lo ha clavado.
Mucho más sencillos, con ganas de agradar, los estadounidenses Nada Surf han llenado el Escenario Verde de limpias guitarras y melodías casi perfectas, al igual que sus compatriotas Mates of State.
La armada española
La reafirmación patria entre tanta cultura anglosajona ha llegado con los donostiarras Single y los barceloneses Facto Delafé, los primeros con sus efectivas y visuales fusiones del pop con el reaggae -incluida una adaptación electrónica del Gracias a la vida- y ecos de su etapa anterior en Le Mans, y los segundos con el abarrote de la carpa para escuchar su hip-hop encantador, comandado por Helena Miquel como nueva musa-belleza del pop independiente.




