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ADN.es / Cultura

Domingo, 12 de febrero de 2012. Actualizado a las 07:14h | : el tiempo en

Expo Zaragoza 2008

Las olimpiadas de la utopía

Zaragoza 2008 prolonga la tradición de las exposiciones Universales e Internacionales hacía el siglo XXI | Fotogalería: Los pabellones más recordados de las Expos pasadas

'Retazos de Estados Unidos', 1959

Expo Universal de Moscú en 1959

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Nacieron a mediados del siglo XIX como escaparates de la industrialización y el colonialismo, y hoy son sobre todo grandes operaciones de marketing para renovar la cara y la imagen de una ciudad.

Habitualmente criticadas y despreciadas como derroches vacios sin sentido, las exposiciones universales e internacionales son un fenómeno de otra era que se resiste a desaparecer. Zaragoza se une oficialmente esta semana a una larga lista de capitales que se vieron transformadas para siempre por el impacto de una Expo.

Muchas de ellas se identifican desde entonces por los iconos que éstas les dejaron, como Paris (la Torre Eiffel), Bruselas (el Atomium), Seattle (la Aguja Espacial) u Osaka (la Torre del Sol).

Es curioso que las Expos consigan tener a la vez tanto de caduco como de moderno. No dejan de ser un híbrido faraónico de espacios contemporáneos como el parque temático, la feria de muestras y el festival de las artes; fenómenos que una vez fueron puntuales y preciosos pero que la cultura del ocio y el consumo ha convertido en omnipresentes.

A la vez, miran siempre hacía el futuro y prometen mostrarnos el poder del progreso, pero tanto su modelo urbanístico como su discurso apenas ha evolucionado. Hace tiempo que vivimos más allá del año 2000 que exposiciones como Nueva York (1965) intentaron anticipar, y sin embargo nuestra manera de modelar estos acontecimientos sigue siendo la misma.

A la felicidad por la electrónica, el diseño, la arquitectura y la tecnología

Si las olimpiadas pretenden conmemorar la amistad y unión entre los pueblos a través del deporte, las expos son una gran celebración de las promesas del progreso y la tecnología para resolver todos nuestros problemas. Para Paula Antonelli, comisaria de diseño del Moma, las expos fueron el escaparate en que las naciones competían a través de la ciencia y el desarrollo. Anticipando la noción de que en el futuro las macrocorporaciones serían tan poderosas como las naciones, son también el primer lugar en que países y grandes empresas compiten de igual a igual Muchos de los pabellones más recordados de la historia han llevado el logo de General Motors (Nueva York), Phillips (Bruselas) o Fujitsu (Sevilla).

De Le Corbusier a Van der Rohe o Tadao Ando, los arquitectos más importantes del siglo XX las usaron para concebir proyectos que, al no tener que existir en el "mundo real" y estar en pie sólo durante meses, podían plantear propuestas radicales, con formas imposibles y materiales innovadores que hoy forman parte del paisaje cotidiano.

El discurso y las intenciones declaradas de las exposiciones internacionales siempre han levantado sospechas, ya desde la primera en Londres en 1851. Por eso, quizás el legado más importante que dejan es su función como experimentos de la imaginación y laboratorio de cambios para el futuro.

De Le Corbusier a Van der Rohe, los arquitectos más importantes del siglo XX las usaron para concebir proyectos que, al no tener que existir en el "mundo real" y estar en pie sólo durante meses, podían plantear propuestas radicales, con formas imposibles y materiales innovadores que hoy forman parte del paisaje cotidiano.

Para la arquitectura, la naturaleza efímera de las expos tiene tanto de bendición como de desgracia: sus condiciones especiales ofrecen a los arquitectos un grado de libertad inusual, pero provoca también que muchos de los proyectos más memorables, que hoy tendrían un valor historico y artístico claro, acaban siendo derruidos.

Algunos todavía echan de menos el Pabellón de Japón de Tadao Ando para la Expo 92 de Sevilla, el que fue el edificio de madera más grande construído.

Extrañamente, las exposiciones han sido también han sido un escenario en que la vanguardia artística, normalmente poco apreciada por la sociedad, recibía el encargo del poder de que creara visiones del porvenir que impresionasen a las masas. Dotados de medios a los que nunca habían tenido acceso, referentes como Buckminster Fuller o Charles y Ray Eames, e innovadores como Xenakis y Varèse pudieron dar forma a algunas de sus ideas más extremas.

De la Revolución Industrial al imperio de la tecnología

Con la llegada del siglo XXI parecía imponerse la percepción de que el momento de las exposiciones universales e internacionales había pasado. Fracasos como el Millenium Dome de Londres y el Forum de Barcelona, y la consciencia de haber alcanzado un estado de globalidad que las hacía innecesarias, presagiaban su desaparición. Sin embargo, Japón celebró en 2005, en Aichi, uno de los eventos de más éxito y proyección en décadas. A la vez que se inaugura Zaragoza, todo se prepara en Shanghai para abrir su expo en el 2010, una nueva gran carta de presentación de China.

Y en un mundo que nunca ha sido tan urbano como ahora, cada vez son más las ciudades que quieren presentar su candidatura a ocupar un espacio en la escena mundial. Aunque cada vez quede menos futuro que anticipar, parece que las Expos seguirán intentándolo de momento.

Otros artículos de Jose Luis de Vicente, en Think Tank.

 

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