La escultura de la colombiana Doris Salcedo está a la venta por 750.000 euros.
Meritxell Mir Basilea (Suiza)
Lo suyo parece un romance eterno. Desde que se casaran hace 39 años, Basilea y el arte contemporáneo renuevan cada año sus votos en la feria Art Basel, la más importante del mundo. Su unión es un auténtico éxito económico y ni siquiera en tiempos de crisis global se ve afectada.
La exhibición internacional que cada primavera alberga la ciudad suiza se ha caracterizado desde su nacimiento en 1970 por su "calidad excepcional", tal y como propietarios de galerías, artistas y coleccionistas se encargan de subrayar sin pudor.
"Es, sin duda,la mejor feria, y no creo que ni siquiera las demás muestras se atrevan a negar esa evidencia", asegura Carolyn Alexander, al frente de la galería neoyorkina Alexander and Bonin, que también participa en la española Arco.
El show de este año, que arrancó ayer y durará sólo hasta el domingo, incluye el trabajo de más de 2.000 artistas de 30 países diferentes, entre ellos España, que está presente con siete galerías de Madrid y Barcelona.
La 'crème de la crème'
"Venimos porque Basilea es el escaparate ideal para dar a conocer a los artistas con los que trabajamos", dice Gloria Pérez de la galería catalana Prats. "Es un cita clave por la cantidad de responsables de museos y colecciones privadas y corporativas que circulan por aquí", explica Pérez, quien tiene a sus espaldas más de 30 años de presencia en esta feria.
Estar entre el elenco de galerías que pueden exponer en la reina de todas las ferias de arte contemporáneo no es sencillo. Sólo una tercera parte de las 1.100 galerías que lo intentaron para la 39ª edición, lo consiguieron.
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"El 99,5% querrá volver a participar en la siguiente edición", explica a ADN.es el director de operaciones y finanzas de Art Basel, Marc Spiegler. "Sólo los que tienen que cerrar el negocio no vuelven a solicitar su presencia aquí", añade.
Joseph Aloy, de la galería barcelonesa de diseño gráfico Polígrafa, presente desde 1971 explica que subirse al tren de Art Basel en una edición, no es un billete garantizada por la siguiente. "El día que se acaba la feria, empiezas de cero para el próximo año", subraya el marchante.
Pero cualquier esfuerzo se ve recompensado con creces ya que la mayoría de galerías suelen vender, al menos, el 70% de las obras de arte que traen.
Sin vacas flojas
Por ahora, y si se tienen en cuenta las cifras de las últimas subastas, la crisis económica global parece no estar afectando al mercado creativo. Tampoco a Basilea.
Aunque la organización de la feria no maneja cifras del volumen de negocio que se mueve en sus pasillos -aseguran que no lo han hecho ni ahora ni nunca-, las primeras impresiones que están recibiendo por parte de las galerías indican que todo marcha viento en popa.
"El primer día [abierto sólo para 8.000 privilegiados], fue de locura", asegura Alexander, de la galería de Nueva York. En las primeras 24 horas, consiguió dos propuestas firmes de compra de su obra más cara, una escultura de la colombiana Doris Salcedo, con un precio de 750.000 euros.
Spiegler confiesa que su gran preocupación no estaba en las ventas, sino en los patrocinadores, a quienes la crisis tampoco parece estar afectándoles demasiado. Por lo menos no al gran valedor de la muestra, el banco suizo internacional UBS, que ya ha renovado su contrato por tres años más.
Gran afluencia
El 2007, más de 60.000 personas se acercaron hasta Messeplatz, el recinto de ferias y congresos de la pequeña ciudad suiza, situada en plena frontera con Alemania y Francia. Entre los asistentes hay no sólo profesionales sino también miles de enamorados del arte.
Pasear por el laberinto de galerías de Art Basel es más parecido a la visita de un museo que a la de una feria estrictamente comercial, una sensación creada a propósito por la organización para que los que vengan a visitarla sin una Visa platino también se sientan cómodos.
"Hay un comité de selección que inspecciona los estands por lo menos en dos ocasiones durante la feria para puntuar negativamente a aquellos que son demasiado comerciales", dice Spiegler, uno de los tres directores de Art Basel.
Parte del éxito de la feria radica en la combinación entre arte moderno (primera planta) y arte contemporáneo (segunda planta). Los Picasso, Miró o Matisse se codean con las obras de Gerhard Richter, Mary Heilman o Sean Scully.
"Los trabajos más recientes ganan seriedad y empaque histórico gracias a la presencia de obras históricas; y las obras históricas adquieren un carácter más animado y vivaz [gracias a las nuevas creaciones]" , apunta Spiegler.





