Pablo Díaz-Reixa, 'El Guincho', mira vídeos de los artistas africanos que actuarán en el Sónar en una terraza de Barcelona.
Jordi Soteras ADN
El Guincho, alias tropicálido y brillante del canario Pablo Díaz-Reixa, concibe la música como un collage artesanal con recortes de revistas y libros de todo el mundo.
Como sucede con la ropa africana, en cada color de tela escogida, en cada fragmento de canción que mete en su sampler y que incluye en sus canciones, hay una historia.
Tras unas semanas de gira en Australia y Singapur, ha vuelto a Barcelona para regrabar su debut, Alegranza, autoeditado en un principio y que ahora XL Recordings (Radiohead, M.I.A.) quiere relanzar a nivel mundial.
El Guincho, el representante español más en forma de este Sónar, lleva desde su adolescencia preguntándose por las conexiones entre las músicas de las diferentes islas y rincones del planeta. Quizá por eso habla con respeto reverencial de la música africana, hindú o brasileña. Quizá por eso, o por su carácter, investiga en qué situación económica están los músicos de los que ha tomado algún trozo de canción y se ocupa de que cobren los derechos: "No es lo mismo Mike Love (Beach Boys) que el único superviviente de Los Zafiros".
También con mimo, pasión y erudición analiza los artistas africanos, o con influencias de ese continente, que acudirán a la cita barcelonesa entre el 19 y el 21 de junio. Zumo de naranja, boli, cascos y laptop, en la terraza del Mendizábal, en el barcelonés barrio del Raval.
Konono nº 1
Llevaban muchos años esparciendo por todo el mundo la música que se gestó en la frontera entre Congo y Angola. Después, electrificaron y actualizaron esos sonidos con mil inventos caseros. "Siempre llevan sus instrumentos de amplificación. Esa música no tiene un precedente tan claro como el de los Beatles, que convirtieron la música en estribillos, negocio y espectáculo. Me gusta su concepto de orquesta y esos patrones donde segundo y pico de canción se repite durante mucho rato. Será fascinante ver esa parafernalia y algo tan sincero ante un montón de holandeses borrachos en el centro de una ciudad".
DJ Key
Es el introductor del hip hop en Marruecos y, tras triunfar en Francia y EE UU, ha creado una escuela de DJ en su ciudad. "Yo era igual: conectaba un vinilo a un walkman y compraba casetes de música africana en mercadillos. No hay que perder ese punto naíf de artesano. Me gusta mucho como vuelve a su pueblo y funda una escuela para enseñar a pinchar como quien enseña a hacer vasijas".
M.I.A.
No es de África, pero, como El Guincho, sí ha investigado sus ritmos. Con esta hija de activista tamil que creció en Sri Lanka, despuntó en Londres y se ha convertido en la nueva musa de las revistas especializadas, comparte discográfica, ritmo y un acercamiento colorista a la composición. "Me encanta M. I. A., pero me levantan suspicacias algunas de sus formas. Me preocupa que tratemos esa música como si la hubiéramos descubierto nosotros. No querría frivolizarla, usarla sin haberla estudiado".
Buraka Som Sistema
De estos jefes del kuduro, suma de "culo" y "duro" y de hip hop y electro creada en Angola a mediados de los 90 como reacción a los últimos coletazos de la guerra civil, El Guincho opina: "Me pasa lo mismo que con M.I.A., pero tienen un hit brutal, Sound of kuduro".






