Desde hoy, los fanáticos de CSI pueden ponerse en la piel de Gil Grissom y resolver un asesinato a través de un minucioso recorrido por las distintas técnicas de investigación criminológica.
Después de ocho meses y 100.000 visitantes en Bruselas, la exposición Asesinato en el Museo, producida por el Museo de Ciencias Naturales de Bruselas llega al de Barcelona, donde estará hasta el próximo 6 de enero y desde donde se trasladará a París, Londres y Helsinki.
Nada más entrar en la muestra, una pantalla gigante emite una conexión televisiva "en directo" en la que una reportera informa de que la señora de la limpieza ha hallado muerto en su despacho al director del museo, con evidentes signos de violencia. ¿Quién ha sido el asesino? Es la pregunta que debe responder el visitante.
La primera misión del novel investigador pasa por revisar a fondo el escenario del crimen -el despacho del director-, que aparece acordonado con cinta de los Mossos d'Esquadra y en el que se puede ver la silueta de un cadáver en el suelo, una silla tumbada, y una mesita con dos tazas de té y dos pastelitos mordisqueados.
Seis son los sospechosos de haber asesinado al director: el taxidermista, la secretaria, el anticuario, la señora de la limpieza, el director de un museo extranjero y el contable-conserje.
Paso a paso como un criminólogo
A partir de ahí, todo queda en manos del visitante, que puede recorrer las distintas fases de una investigación criminal para plantear sus propias hipótesis y a la vez descubrir los entresijos de las unidades criminológicas.
En cada una de las salas de investigación criminal se explica su funcionamiento técnico -por ejemplo, cómo se determina el día de la muerte a través de las larvas de insectos del cadáver-, y se detallan los resultados de las pruebas practicadas en relación con el crimen del director del museo, para que el visitante tome buena nota.
En la sala de medicina forense, con la ayuda de un cadáver de plástico, se puede determinar el día y la causa de la muerte, mientras que en la de odontología forense se puede hacer una criba de sospechosos, ya que se sabe, por la forma de la boca y de los dientes, quién pudo haber mordido y quién no las tartas.
El estudio de las pisadas de zapato y de las huellas dactilares, pruebas de balística permiten descartar el suicidio, los restos de ADN o el estudio de fibras y microfibras y el interrogatorio de los seis sospechosos, ayudan al visitante a atar cabos.
Una vez elaborado su dictamen, el visitante puede oír de boca de un inspector jefe virtual quién es el asesino, para saber si ha acertado, y contemplar en una pantalla la reproducción del crimen.




