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Era el favorito en todas las quinielas de Hollywood. Javier Bardem, con su papel del psicópata Anton Chigurh en No es país para viejos, se ha alzado con la estatuilla al Mejor Actor de Reparto.
Al recoger el premio, Bardem ha dado las gracias a los Coen, "por darme uno de los peinados más horribles", a su madre y el resto de la familia Bardem y al cine español. "Vivan los cómicos de España", ha exclamado.
Para triunfar en Hollywood hay dos caminos. O volcarse en la comedia -romántica o de aventuras- o echarle paciencia, escoger con cuidado y esperar que los grandes se fijen en ti. Bardem (Las Palmas, 1969) escogió esta segunda opción.
Después de llevarse casi todos los premios posibles (Bafta y Globo de Oro, incluidos), el hijo de Pilar Bardem puede sentirse ya plenamente consolidado en Hollywood, un camino que ha estado minado por pequeños y grandes triunfos.
En 2001, su interpretación del poeta homosexual cubano Reinaldo Arenas (Antes que anochezca) lo convirtió en el primer español candidato al Oscar al Mejor Actor. En 2004, los Globos de Oro se fijaron en su papel como Ramón Sampedro en Mar adentro y también lo incluyeron entre los nominados en la misma categoría. En ambos casos se fue de vacío pero con buen sabor de boca. Eso sí, por ambas interpretaciones recibió la Copa Volpi del Festival de Venecia.
Pero la carrera cinematográfica de Bardem comienza mucho atrás. Hijo, sobrino y hermano de actores, la interpretación le venía de familia y, tras un intento frustrado como pintor en la Escuela de Artes y Oficios, decidió volcar su vena artística en el cine.
El pistoletazo de salida
Su primera oportunidad en la pantalla fue de la mano del director Bigas Luna, el primero en ver el potencial de este actor de nariz chata y cuerpo deseado. Primero, un papel secundario en Las edades de Lulú (1990). Posteriormente la exaltación del macho ibérico con Jamón, jamón (1992) y, para completar el triplete, Huevos de oro (1993).
En sólo tres años consiguió dos nominaciones a los Premios Goya y la atención de Pedro Almodóvar, que le dió un pequeño papel en Tacones lejanos. Boca a boca, Perdita Durango o Carne trémula serían otros pasos de gigante en su laureada carrera cinematográfica. Porque Bardem ha estado siempre en contacto con los premios.
Los Goya reconocieron su trabajo en cuatro ocasiones -Días contados, Boca a boca, Los lunes al sol y Mar adentro- e internacionalmente no le ha ido nada mal.
Pero Bardem es también conocido por su faceta más activista y comprometida. Fue uno de los actores que más gritó su oposición a la guerra de Irak y recientemente afirmó que "habría que juzgar a Aznar, Bush y Blair por sus crímenes de guerra". Además, ha sido uno de los participantes en la cinta Invisibles de Médicos sin fronteras, en la que se centra la atención en diversos conflictos olvidados y que fue galardonada en los Goya.
Él no necesita el Oscar. Nosotros, lo queremos
Esta noche, sin embargo, ha sido su gran noche. Dice que no necesita el Oscar, que haber trabajado con los Coen es todo un milagro. Por su parte, los cineastas también han dicho maravillas de él y reconocieron que fue su única opción para el papel de No es país para viejos por ser "el único actor capaz de personificar al asesino Anton Chigurh".
"Sabíamos que tenía que ser alguien que atrajese la atención, toda la atención en la película. Javier es alguien, por nuestras experiencias pasadas de su trabajo, que sea lo que sea lo que haga no le puedes quitar el ojo de encima", precisó Joel.
Esta noche acaparó todas las mirada de Hollywood.





